Dune

Publicado: abril 11, 2011 en Libros

Dune, ciencia ficción de la buena.

Fueron mis padres quienes me introdujeron en el mundo de Dune, alquilándome la película de David Lynch del mismo nombre. Una pirrada surrealista con el protagonista de Twin Peaks interpretando a Paul Atreides. Me encantó. Quizás los capullos inadaptados adoramos la fantasía y los mundos de más allá del vacío de este porque nunca nos sentimos del todo cómodos en el que nos toco vivir. Siempre que digo esto me viene a la memoria un trozo de Los Simpson, donde Lisa, que está hablando con Bart en la cocina, empieza a fantasear con ganar el premio Nobel, y Bart, al ver que Lisa no le hace ni puto caso le chasquea los dedos debajo de la nariz mientras le dice: Lisa, Lisa, ¡vuelve!. Antológica la respuesta de Lisa: ¿Por qué? Soy mucho más feliz allí.

Y tan buen planeta como otro para tomarse unas vacaciones mentales lo encontramos en Dune, Arrakis para los no nativos. Un enorme planeta desierto, habitado por lo gusanos de arena, monstruosas criaturas que dominan toda la superficie del planeta salvo las pocas zonas establecidas sobre tierra firme, no sobre un mar arena y dunas. El único lugar del universo donde se encuentra la droga definitiva, la especia o la melange, prolongadora de vida y que desarrolla las capacidades mentales de quienes la consumen, permitiendo detentar a la cofradía el monopolio de los viajes espaciales gracias a los Navegantes, seres mutados tan adictos a la especia que tienen que respirarla, para poder plegar el espacio, o dando sus poderes a las Bene Gesserit, Hermandad femenina que se encarga de la crianza del superhombre definitivo, el Kwizast Haderach, el palomo que trascenderá del tiempo y del espacio. Y entre todo esto, un imperio galáctico-feudal regido por Grandes Casas. Y en la confluencia de lo anterior, el protagonista del Libro, Paul Atreides, el potencial mesías de la humanidad, el que ve el futuro, y el que liberará a los fremen, los nativos de Dune, del férreo puño Harkonnen.

Curiosamente, lo que siempre me fascino del libro de Dune y de sus continuaciones no fue su épica historia ni su enrevesado argumento (Planes dentro de planes dentro de planes). Ni siquiera la creación de universo sorprendentemente rico en cuestión de detalles y cultura. Lo que me engancho fueron sus personajes secundarios y su relación con las Atreides: Tufir Hawat, Duncan Idaho, Stilgar, Moneo, Gurney Halleck y demás. Sorprendentes, humanos, contradictorios… pero leales hasta la muerte hacia sus amos Atreides. Es esa idea de un líder duro pero justo dotado de esa casi mágica capacidad de ganarte el aprecio y el amor de tus semejantes, sean soldados, contrabandistas, lideres, salvajes o refinados…, dotados de esa fulana escurridiza que llaman carisma. Es lo que me hace leer el libro una y otra vez. La capacidad de detentar el mando sin convertirte en un bufón o un psicópata. Y que además que te amen por ello. Eso son en definitiva los Atreides, descendientes de Agamenon de la Vieja Tierra, orgullosa casta de Duques, matadores de toros, gobernadores de Caladan y de Arrakis, cuyo mayor exponente tenemos en Leto Atreides, padre de Paul, un hombre que mueve lealtades hasta el fanatismo. Un hombre que agotado tras el traslado de toda su Casa a un nuevo feudo, se dice a si mismo que debe gobernar como un halcón sobre aves inferiores, sin concederse a si mismo tregua ni descanso. Un hombre que pilota sus propios ornitópteros porque no hay mejor piloto que él, y que salva la vida de esta forma a todo un grupo de recolectores de especia. Un hombre que valora la lealtad como el mayor tesoro del universo, ya que esta nunca se puede comprar, pero si se puede vender solo al mismo precio, lealtad por lealtad. Duro como el acero, un nombre que se viste por los pies.

 

Y como todos los grandes héroes, un héroe cansado y sin esperanza, que ya sabe, ya presiente que tendrá que dejar paso a su hijo Paul, solo en un planeta hostil. Un héroe que sabe que morirá pero lucha de todos modos, como hay que luchar, sin esperanza y que el diablo se nos lleve a todos.

Asi que si les apetece darse una vuelta por el mar de dunas, visitar el Sietch de Stilgar el Naib, darse un garbeo montado en Sahid Hulud o combatir a los Sardukar, ahí esta, al alcance de todos. Negro sobre blanco.

Psdt. Seguro que todos hemos escuchado o visto esta canción. Lo curioso es que es un homenaje a Dune. Y es que el libraco tiene de todo.

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