James Elroy

Publicado: mayo 18, 2011 en Libros

L.A Confidential, Jazz Blanco, El Gran Desierto, Clandestino…

Estos libros son una patada en los cojones. Trauma del autor, deseo de muerte a su madre cuando tenía diez años. Resultado, su madre se muere a las tres semanas por obra de un sádico que nunca encontrarán. Y empieza un viaje a los Ángeles que a mí me enganchó.

Las frases son cortas, directas al hígado. Y lo políticamente correcto se lo pasa por el forro de los cojones (Dios, algún día escribiré sobre una de las mayores lacras mentales salidas del culo de la civilización occidental, lo políticamente correcto). El tío te destripa el procedimiento policial angelino: 90% burocracia, 10% inspiración y en paralelo, arrojar paquetes de heroína por una ventana del tercer piso para que un yonki tembloroso y gimoteante delate a su mejor amigo, secuestrar a un sospechoso y enviarle tres metros volando por una habitación a hostias, contratar putas y disfrazarlas de colegialas para arruinarle la vida a un político rojillo. Y NUNCA darle la espalda al Teniente-Capitán  Dudley, el puto amo, representante de una de las mejores razas salidas del mestizaje, el irlandés americano. Porque este personaje (cuya interpretación en la película de L.A Confidential es francamente decepcionante) es,  directamente, el amo de la ciudad. Astucia de perro irlandés mezclada con los cojones de un boina verde. El tío no es que tenga fuerza, es que es el puño de Dios. Merece la pena leerse los libros de Elroy  solo para verle en acción. Dudley atraviesa la locura y se encuentra en el núcleo congelado de la lucidez extrema. Si llega a nacer unos cuantos siglos antes, el tío hubiera sido el Gengis khan de las verdes praderas de Irlanda y serian los ingleses quien hubieran tenido que emigrar a Estados Unidos muertos de hambre.

¿El argumento de las novelas? Polis obsesionados por un crimen que siempre incluye mujeres descuartizadas, que recorren Los Ángeles a ritmo de jazz, yendo de tugurio en tugurio, de proxeneta a traficante, de polis corruptos a políticos más corruptos todavía, mientras paso a paso intentan introducir orden en un caos que inevitablemente les acabará explotando en la cara. Esta obra es un canto hermosísimo a las obsesiones malsanas, a la miseria humana en su más gloriosa expresión. De cómo la mierda se transforma en arte.

Y por supuesto, las mujeres que aparecen. Mujeres por las cuales te arruinas la vida, sacrificando a  tu mujer, tu patrimonio y tu trabajo para luego quedarte con cara de gilipollas bajo la lluvia mientras el chulo de turno se la lleva a México y ella te besa por última vez y te pide que la olvides.

-“Es el primer hombre en cinco años que no me dice inmediatamente que me parezco a Verónica Lake”

-“Es más hermosa que Verónica Lake”

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