Alguien voló sobre el nido del cuco (Ó Sobre hombres, gallinas y capadoras)

Publicado: junio 8, 2011 en Libros

Todo empieza en un manicomio,  una máquina perfecta donde los hombres (No hay locas en este manicomio, solo una y está al mando, La Gran Enfermera) encajan perfectamente en los sitios dispuestos por El Sistema para que los engranajes marchen sin impedimento alguno para cumplir una de las más recurrentes  fantasías de cualquier gobierno, a saber, que te estés en tu sitio calladito y marques mentalmente el paso de la oca cada vez que alguno de los que está arriba le da por patentar una nueva parida. Es decir, un reflejo de la Sociedad Exterior.

Y a Dios gracias, para romper todo ese engranaje demoniaco llega Randle McMurphy, AK Rojo, Ak Irlandés, o como yo le llamo: El puto amo. Uno de esos hombres libres y salvajes que tanto gusta parir (o gustaba, vayan a saber) esas zonas dejadas de la mano de Dios de los Estados Unidos de América. Veterano de guerra, leñador, fullero, feriante (Los reyes de la creación) boxeador a ratos libres y vendedor de lo que surja.

Conoceremos la historia del manicomio, de sus locos y del Irlandés de mano del Jefe, un indio de más de dos metros, un gigante humano que se acojona hasta de su sombra. A este le metieron en el manicomio por loco, pero su locura le venía como consecuencia de su lucidez. Su realidad, la realidad que nos describe en primera persona a través de la novela, es igual de imprecisa  y reveladora que un sueño. Según avanza la misma y los poderes de McMurphy van doblegando a la Gran Enfermera (¡Bien!) va asentándose poco a poco en la realidad, escapando de “la niebla”, como la llama él, un estado de irrealidad en el que flotas abúlico en una especie de nube algodonosa de insensibilidad.

Y gracias a  él presenciaremos la Lucha:

Que empieza con la llegada de McMurphy al manicomio, una argucia ideada por el mismo para escaparse de estar seis meses recolectando guisantes en una Granja Prisión. Citando sus palabras  “Cuando era leñador a nadie le importaba si jodia o bebía. Pero desde que soy jugador profesional, ¡ resulta que beber y joder se convierten en delito!”

El tío lo rompe. Va de un lugar a otro de la casa de locos, bromeando, descojonándose, esquivando a los enfermeros, presentándose a si mismo como estafador, organizando timbas de póker y partidas de monopoly a tantos céntimos de dólar el billete falso, con sus dos cojones. Y se da cuenta de que algo falla. Nadie ríe. Como el mismo dice, cuando a un hombre le privas de su risa, le acabas de quitar una de las mejores armas que tiene contra el mundo.

La revelación le llegara en una de las reuniones de grupo de terapia. Ahí se da cuenta del percal.  En teoría, tales reuniones, consistentes en que los pacientes se reúnen en circulo sentados bajo la supervisión de La Gran Enfermera, tienen por objeto la catarsis, es decir, que los tios estos cuenten sus miserias al grupo (O a la Sociedad, tanto da) para liberarse de sus demonios y que el resto le ayude a integrarse.

La realidad. Un montaje, una farsa. El hombre que está siendo analizado intenta mantener como puede la dignidad mientras un grupo de ratas, sus amigos  le destroza, haciendo preguntas insidiosas del tipo ¿crees que tu inseguridad puede venir de que seas afeminado y no complazcas a tu esposa? ¿Te gustaba ver a tu hermana en la bañera? ¿Crees que…?  Ninguna de esas preguntas tiene valor terapéutico. No hay apoyo. No hay soluciones. Solo hay jueces, jurados y verdugos. No hay el consuelo que se espera de un amigo al que cuentas tus desgracias (No conozco cosa más terapéutica que un colega agarrándote del brazo, preguntándote si estás bien y  que asienta  cuando tenga que asentir diciendo: Esta copa la pago yo). Y todo ello incitado por La Gran Enfermera. Nosotros os haremos aptos para la sociedad. Sois material defectuoso. Os arrancare las pelotas y os transformare en borregos, pero así podréis balar felices. Un gran trato, ¿verdad?.

Que el precio de la felicidad JAMAS sean vuestras pelotas, amigos míos.

La terapia es descrita por Mac Murphy  de manera magistral. Como una orgia de picotazos:

“ El gallinero descubre una mancha de sangre en el plumaje de algún pollo y todos se lanzan a picotearlo, comprende, hasta que dejan al pollo convertido en un montón de huesos, plumas y sangre. Pero lo normal es que con el barullo se manchen otros pollos y entonces les toca a ellos. Y otros se manchan a su vez y son picoteados hasta morir, y asi sucesivamente. Un espectáculo terrible”

Y poco después, le toca el turno a la Gran Enfermera:

“Las pelotas, ni más ni menos. No, esa enfermera no es una especie de monstruosa gallina, amigo, es una capadora. He conocido a miles como ella, jóvenes y viejos, hombres y mujeres. Los he visto por todo el país y en muchas casas; gente que intenta desarmar a los demás, para hacerles marcar el paso, seguir sus reglas, vivir bajo sus dictados. Y la mejor forma de conseguirlo, de doblegar a alguien, es cogerle de donde más duele. ¿Nunca te han dado una patada en los huevos en una pelea, amigo? ¿Te deja frio, verdad? Es lo peor que hay. Cuando te enfrentas a un tipo que quiere doblegarte a base de que tu pierdas terreno en ves de intentar ganarlo él, cuidado con su rodilla, seguro que intentara darte en las partes. Y es lo que intenta hacer esa urraca, darte en las partes”

Y les hace una apuesta, él, el jodido HOMBRE, doblegara a esa matrona psicópata. Y ahí empieza una lucha. Léanla. No tiene desperdicio; momentos de risa (La fiesta que montan en el manicomio es de las que hacen época), momentos en que te remueves incómodo (Cuando ves como funciona el manicomio, que  en teoría es democrático, es decir, cualquier cambio de la normativa requiere el voto de los pacientes. Ahora bien, la mitad de los pacientes son unos vegetales, y la otra mitad son una panda de castrados incapaces de contradecir a la Gran Enfermera por miedo. Y las inquietantes similitudes no acaban aquí, el tabaco esta restringido “Es por vuestra salud chicos, No es un castigo. Terapéutico, ¿Recordáis?”, nadie debe hacer nada solo  y  la delación, el chivarse, es algo bueno y, cómo no, redentor); momentos en los que te levantas con un grito de exultación, como cuando McMurphy sale en defensa de uno de los locos y acaba dando una paliza a uno de los enfermeros o  cuando prácticamente le arranca la cabeza a… paro que no quiero hacer spoilers. Y momentos donde notas las lágrimas asomarte ya que  como todos los héroes, Randle acaba transformado en un mártir.

Cuando estoy reventado intento siempre acordarme de una de las escenas del Libro. En una de las habitaciones del manicomio hay un trasto, una caja que debe pesar sus buenos doscientos quilos, llena de pomos y clavijas. El les asegura que podría escaparse lanzando ese trasto por la ventana. El resto de gallinas se descojonan de él. Ni de coña puedes. Y empiezan las apuestas. Les ha reventado tanto jugando al póker, que quieren desquitarse haciendo una apuesta que saben que no pueden perder. No hay ser humano que pueda levantar esa caja solo. Y entonces llega Murphy, hace sus estiramientos, les avisa que se aparten ya que cuando toma aire es capaz de vaciar de oxigeno una habitación y empieza a hacer fuerza para levantarla.  Y cada vez más, más, y más. Parece que va a estallar, con los músculos duros como cables y las venas marcando todo su cuello. Parece que SÍ, que va a lograrlo… y entonces…

McMurphy recula, totalmente asfixiado. Abandona. Coge todo el dinero que les había ganado al póker, e intenta contarlo para pagarles, pero tiene las manos tan agarrotadas por el esfuerzo que es inútil. Tira todo el dinero al suelo y se marcha. Pero antes de abandonar la habitación, se da la vuelta, les mira y dice: “ Pero, al menos lo he intentado. MALDITA SEA, al menos nadie puede reprocharme eso, ¿no?”

Y deja el dinero ensangrentado tras de si.

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comentarios
  1. Ak dice:

    Gran película y gran libro. Sin duda alguna has hecho una gran descripción de la esencia del libro Isismoking.

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