Capitán de Navío

Publicado: agosto 30, 2011 en Libros

Después de ver la pedazo de película interpretada por Rusel Crowne y de leer el primero de los libros de Patrick O `Brian, Capitán de mar y guerra, cayó en mis manos el segundo libro de la saga, Capitán de Navío, y con la lectura aun reciente, me comprometí a adquirir toda la saga.

Una de las mejores cosas de leer estos libros de Patrick es aprender a diferenciar babor de estribor y proa de popa y atormentar a tus amigos con ese conocimiento cuando por alguna casualidad os encontréis todos juntos encima de una masa de agua.

Enganchan. Mucho. No solamente por las magistrales descripciones de las maniobras, batallas, barcos, costumbres y modos de la época de principios de siglo XIX. Son la pareja protagonista, el capitán Jack Aubrey y el doctor Esteban Maturin, quienes hacen estos libros únicos. Desprenden carisma de proa a popa. Las reflexiones del Doctor Maturin, medico, cirujano, naturista y filosofo, sobre la naturaleza humana, son de una lucidez aplastante. Sobretodo respecto al tema amoroso. Porque lo mejor del segundo libro, a mi entender, no está en los vericuetos por los que tiene que pasar el capitán Jack Aubrey para que le concedan el rango de capitán de navío, o la labor de espionaje de Maturin por tierras españolas. Es la comida de tarro que se traen los dos protagonistas por conseguir a la misma mujer, Diana Villers.  Ahhh, Villers, Villers, la puta Villers, Villers la bruja. Demonio con los ojos azules. Jugando a un juego más antiguo que ella misma. Dejando por el camino a Jack y a Esteban más jodidos  que si se hubieran comido una andanada de un barco de línea consistente en novecientas libras de metal y hierro propulsadas a mas de cien kilómetros por hora.

Vamos, reventados y a punto de matarse el uno al otro por una mujer que nisiquiera los ama.

Si es que los hombres somos imbéciles.

Leí este libro en una época pelín complicada. Y descubrí, aterrado, que las reflexiones sobre Maturin sobre sus sentimientos por esa pava no eran las suyas. El libro no hablaba de ellos. El libro hablaba de mí, de mis sentimientos, mejor de lo que yo podría expresar en mi puta vida.

Retomando al tema, aunque los libros que he leído (los dos primeros y la Fragata Surprise avistándose a proa) son, dejándolo claro, obras maestras, es mosquante la manera en que el libro trata a los españoles. El autor es Ingles, así que tampoco vamos a dar grititos de doncella ultrajada, y qué coño, ni que te pusieran una pistola en la cabeza por leernos.  Pero en resumidas cuentas, que somos unos piltrafillas valientes, con los mejores barcos del mundo (Ya tenían que ser la leche para que esto lo diga un hereje rubio hijo de la pérfida  Albión) y poco más. De nuestras victorias (Que las hubo) pasamos de puntillas, y ahí está Nelson para darnos en todos los morros. Aunque nunca viene mal recordar que el tío perdió el brazo cortesía del General  Gutiérrez, natural de Aranda de Duero y con dos cojones.

Aunque el tío tampoco se corta con los ingleses. Su almirantazgo también estaba carcomido por la envidia y la corrupción, el padrinaje y demás (Y yo creyendo que los únicos corruptos somos nosotros. Es necesario viajar más), pero eso no les impidió hacerse dueños de una buena parte del planeta. Sospecho que debía ser consecuencia de la poca desvergüenza que tenían para enriquecerse, con ese pragmatismo y  flema británica que les permiten ver los problemas en su justa perspectiva, sin adoptar esa costumbre española de “a tomar por saco y yo me quedaré tuerto pero yo a ti te dejo ciego”.  Pero pensándolo bien, que demonios, conquistamos un continente en cincuenta años (Una profesora mía de historia en la facultad me comento que aun los historiadores se estaban explicando cómo podía se eso materialmente posible, yo se lo explico, locura y unos huevos bastante considerables). Además, el propio Maturin (Indico aquí que el doctor Maturin no es ingles, es catalanoirlandes, palabreja inventada ad hoc),  realiza una explicación magistral respecto a determinadas actitudes de Jack (las inglesas al fin y al cabo) que me pareció sumamente reveladora: “Ni el mismo se da cuenta de su propia hipocresía.”

Y yo me dije, bien por él, si eres consciente de todos tus errores es para meterse un tiro.

Pero les envidio. Y leyendo la novela, les envidie aun más. Tiene una salida facilísima a todos sus problemas, sean estos laborales, sociales o amorosos. Embarcarse. Montarse en un barco y poner muchas millas entre tu persona y la costa, viviendo el dia a dia porque en la mar no es nada seguro. Jodidos marineros, tienen a su lado el mejor de los sedantes del mundo.

Porque, amigos, es así. El mar adormece. La culpabilidad, los fantasmas, se quedan atrás ante esa masa de agua azul. Supongo que como el mar es un bastardo egoísta, acabas como él. Me gustaría vivir en otra época, embarcarme un barco corsario, o un ballenero. Al demonio con la tierra.

No hablo de oídas, en un reciente viaje realizado con unos amigos, en un islote de dieciséis quilómetros de diámetro frente a las costas gallegas, lo sentí.  Sentí a Dios y me importa un rábano que no se entienda.

Llevamos caminando más de seis quilómetros bordeando los acantilados, en ayunas, bajo el sol, sin una maldita sombra de pino o eucalipto que echarse a la cara. Decidimos sentarnos en unas rocas, justo encima de un acantilado. Estuvimos cerca de media hora sin dirigirnos la palabra. Silencio absoluto. Y mis amigos y yo no nos callamos ni debajo del agua. Solo el mar, indiferente y tranquilo golpeando las rocas, hablaba. Éramos los creados observando al creador sin que este se diera cuenta. Sentí algo al observar esa vastedad azul. La inmensidad, la calma. Algo más grande que nosotros, que seguirá ahí cuando nosotros nos hayamos ido. Y lejos de resultar deprimente, era tranquilizador. Sedante. Nada más hermoso que cuando el conocimiento de algo (palabras, teórico) coincide con los que te dice el alma o las tripas (Sentimental). Entonces estas completo, parece que consigues desentrañar una regla de esta absurda partida de ajedrez que llaman vida.

Por eso, cuando no tengo el mar a mano tiro del que me proporciona Patrick.

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comentarios
  1. Herep dice:

    Muy buena entrada, Isis…
    Como bien dices, los libros de piratas, marineros, pescadores… tienen la facultad de, al abrirlos, salpicarte la cara del frescor del agua de mar… y los que vivís lejos de ella podeis encontrar “consuelo” en la lectura.
    Yo, que lo tengo al lado, estoy cada día más agradecido.
    La de horas que me paso pescando o buceando, la verdad, no las cambiaría por nada del mundo.
    No he leido nada de Patrick O’Brian, pero me apunto la referencia para añadirla a la lista… pero sí que tengo guardada la película de Rusell… y me gusta, sí…
    De libros sobre el mar, el mejor, siempre en mi modesta opinión, es Moby Dick.
    Impresionante (para mi, por supuesto).
    Ése sí… con ése sí que, antes de abrirlo, tengo que ponerme las gafas de buceo.

    Un abrazo, figura.

    • isismoking dice:

      “Y con tres cortes en la carne pagana, quedó templado el filo del arpón para la ballena blanca”

      Fijate, me la estoy releyendo para postearla. Esa novela tiene “algo”, acaba tocandote en los mas profundo, lo intuí cuando se me pusieron los pelos como escarpias ante la descripción del Raquel, buscando sus hijos perdidos.
      A ver si consigo desentrañarlo. ¡Ardua tarea!

      ¡Gracias Herep, y disfruta de ese bastardo azul por mi!

  2. Ak dice:

    No ha dejado de sorprenderme tu interés por el mar adquirido a través de estos libros, Isismoking. Precisamente a mi que soy de los que le gusta mucho ver el mar y poco más (siempre le he tenido mucho respeto al mar, tanto que se podría decir que es casi miedo)

    Aunque no me vaya el mar ni llegue a entender porque babor y estribor en vez de izquierda y derecha sí que te reconozco que he disfrutado mucho cada vez que me has hablado de Maturín y su forma de pensar, láudano incluido.

    • isismoking dice:

      Láudano… el lo llamaba su “tranquilidad embotellada”. Claro, que era médico y lo de automedicarse le venia de oficio. Te dejo una frase suya: “Un hombre debe rezar para nacer estúpido o tener el corazón de piedra”. Normal que tuviera que darle al opio.

      Miedo al mar… claro que hay que respetarle. Es objetivo. No entiende de virtudes ni de maldades humanas. Por eso me gusta, AK.

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