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El Padrino

Publicado: diciembre 14, 2011 en Libros

No es un libro que refleje de manera verosímil lo que es la mafia, a pesar de que buena parte de su argumento esté firmemente enraizado con la historia del crimen organizado americano.  Los paralelismos entre realidad y ficción no es que sean meros detalles, es que la propia estructura del texto es la crónica real del ascenso al poder de las mafia italo-americanas de Estados Unidos. Pero con el matiz que explicaremos al final de la entrada.

Empezaremos por el más grande, Vito Corleone,  uno de los arquetipos de jefe mafioso. (Más bien, EL arquetipo)

Es indudable que la principal fuente de inspiración de Mario Puzo para crear a su personaje fue el inigualable jefe mafioso Carlo Gambino, líder de la todopoderosa familia neoyorquina Gambino, capo di tutti capi de la Comisión durante los sesenta y un buen pedazo de los setenta.

Carlo, al contrario que los violentos cazurros que lo rodeaban, era prudente, pragmático y consideraba la violencia como un activo más de su empresa, no una finalidad en sí misma. Se le podía ver por el Little Italiy paseando con su viejo traje y su coche de segunda mano, aunque pasear es un eufemismo, ya que cada pocos pasos era parado por viandantes que querían obtener su beneplácito y favores, o tomando un café tranquilamente mientras leia un libro escudado en su enigmática sonrisa que provocaba sudores a aquellos que tenían que enfrentarse a él. No solamente dirigía los negocios de la familia Gambino (En un paralelismo con Vito Corleone, a él también le desagradaba sobremanera el trafico de drogas), si no que entre otras cosas, se dedicaba a  favorecer a las hijos de las familias más necesitadas para que estos pudieran cursar sus estudios.

Construyó una de las familias más poderosas del crimen organizado con la cantidad justa de violencia. Y a pesar de su larguísimo reinado, apenas pasó más de dos años en la cárcel. En una de las listas que el fiscal general del Estado Bobby Kennedy puso en circulación sobre los miembros de la Mafia que deberían ser encarcelados, ni siquiera aparecía mencionado. Lo organizó de tal manera que él mismo no era más que una presencia amenazante y poderosa, lo más parecido a un emperador romano entre bastidores. Para desgracia de sus sucesores, estos no aprendieron las cualidades de no estar en el centro de la atención pública, ya que uno acabó muerto y el otro convertido  en una estrella de la televisión, eso sí, desde la cárcel.

La mejor definición de él la tenemos en una cita de Joseph Bonnano, líder de una de las cinco familias de Nueva York:

Él no era un guerrero de la mafia. Siempre daba una oportunidad antes de utilizar la violencia. Anastasia lo utilizaba para negociar. Un día, Anastasia en un ataque de furia, le propinó una bofetada. Eso en Cosa Nostra significaría la muerte en el momento de uno de los dos, pero Gambino prefirió tranquilizar a Anastasia. Don Carlo sonrió fríamente y le dijo que algún día le pediría explicaciones de aquella afrenta. Aquello significó la pena de muerte para Anastasia”.

Aunque si el talante conservador, frió, prudente y su repugnancia hacia a las drogas fue el que marco a Mario Puzo para crear el perfil psicológico de Vito Corleone, la trayectoria de este por el mundo del crimen organizado está basada en la carrera del Gran Lucky Luciano.

 Al igual que Vito Corleone, el temido Don Carlo era un hombre de aspecto modesto e inofensivo, que nunca levantaba la voz y detestaba que nadie gritase en su presencia. Era un hombre de familia chapado a la antigua: no era mujeriego ni se le conocían grandes vicios y vestía de forma discreta

Uno de los puntos fundamentales de la novela de Puzo es el ascenso del mismo a Capo di Tutti Capi. Vito, después de enriquecerse con el contrabando de alcohol durante la Ley Seca, vio como le negocio se le terminaba cuando la Ley fue abolida, así que intento asociarse con Salvatore Maranzano, jefe mafioso que dirigía la usura y las apuestas ilegales. La negativa de este desembocaría en una sangrienta guerra que terminaría con el asesinato de Maranzano a manos de Tessio en una cafetería durante una tregua concertada por ambos bandos. Finalizada la guerra, Don Corleone se dedicaría a construir las que posteriormente serian llamadas las Cinco Familias de Nueva York y organizar el resto del crimen organizado mediante un órgano ejecutivo y consultivo denominado La Comisión, frente a la cual estarían los miembros más poderosos de la Mafia de todo Estados Unidos, además de acordar que Miami y Las Vegas seria ciudades libres bajo el control conjunto de las familias.

Este episodio es una adaptación de la guerra Castellammarense y la noche de las vísperas sicilianas. A finales de los años veinte en Nueva York, dos jefazos combatían por el poder como perros rabiosos, por un lado Sal Maranzano (efectivamente, el mismo que el de la novela) y por el otro lado Joe “el jefe” Maseria. Maranzano creia en la alianza entre los italianos y los judíos, mientras que Maseria abogaba más por la pureza racial y el respeto a las Tradiciones, es decir, una organización exclusivamente siciliana (y de fondo, y como razón fundamental y suprema, en palabras del gran Nicky Santoro: “El dinero, siempre el puto dinero”). Después de más de ochenta muertos en las calles, Lucky Luciano, la joven promesa del hampa, orquestó una tregua entre ambos bandos con el único pretexto de cargarse al que dentro de poco seria su exjefe, Maseria. Después de que este fuera acribillado en un restaurante, Lucky concertó la paz con Maranzano, que no duraría mucho. En el 31, Maranzano seria asesinado por los amigos judíos de lucky, y este tendría las manos libres para librarse de la “Vieja Guardia” siciliana y cumplir su sueño, crear un holding criminal supraterritorial estructurado en torno a las Cinco Familias y a la Comisión, con Las Vegas y Miami como ciudades libres, asociándose con irlandeses y judíos.

No era astuto el zorro de Puzo, ni nada.

Por supuesto, a nadie que haya leído la novela le puede pasar por alto que Johnny Fontane no es más que un alter ego de Frank Sinatra. En el libro, Michel Corleone le cuenta a su novia como El Don, su padre, hacia años, le puso una pistola en la cabeza a Tommy Dorsey, jefe de Fontane en su banda musical, para que este rescindiera el contrato que le ataba. En la realidad, fue un mafioso real amigo de Sinatra, Moretti, quien amenazo de muerte a Tommy Dorsey para que rompiera su contrato con Sinatra (por cierto, el tal Tommy Dorsey debería ser un músico de armas tomar, ya que cuando Lucky se enteró de lo que había ocurrido soltó algo parecido a que  Moretti  tenía suerte de haber salido con las pelotas en su sitio). Esta anécdota a sido siempre negada por Sinatra. Se rumorea que la escasa relevancia que tiene Fontane como personaje en la película (a pesar de ser uno de los protagonistas indiscutibles del libro junto con Michel Corleone) se debió a que Frank odiaba la imagen que Puzo daba de él. Un pezzonovate gimoteante siempre dispuesto a ir a lloriquear a las faldas de los mafiosos cuando tenía algún tipo de problema con sus jefes.

Sin olvidar por supuesto a Moe Green, creador de las vegas, asesinado por los Corleone por su mala gestión de los casinos cuando la familia se extiende hacia Nevada. Bien, pues aquí Moe Green no es más que un trasunto de Bugsy Siegel, uno de los mejores amigos de Lucky (y uno de los que asesino a Maseria), que debe ordenar su asesinato porque el casino financiado con los recursos de la familia es una máquina de quemar el dinero.

La cuestión es que el Padrino, mas que una novela que tiene un pie metido en la realidad, es una epopeya shakesperiana. Ese rey Corleone atormentado por el destino de sus hijos, que deberán pagar el precio por sus pecados, los crimenes rodeados de esa aureola trágica de sangre llama a la sangre, los problemas sucesorios del favorito de la familia, las traiciones de amigos, hermanos, todo ello empapando el subconsciente colectivo hasta dar a la mafia un aire de honorabilidad y de grandeza humana que poco o nada tiene que ver con la realidad.

Sinceramente, y yéndonos al cine, la mejor obra, en este caso una película, que refleja el día a día de los mafiosos (Exceptuando los Soprano, por supuesto) es la enorme Goodfellas. El prototipo de mafioso no es Vito o Michel Corleone asintiendo gravemente mientras sus “soldatos” les besan respetuosos su anillo. El prototipo mafioso es Joe Pesci dándole una paliza a un pobre desgraciado porque el mamón tuvo la inteligente idea de preguntarle acojonado que si el señor DeVito pensaba pagar la cuenta algún día.

Respecto a Michel Corleone y para finalizar, cedo la palabra Nick Geraci, fiel soldado de Tessio:

Vito, sin ni siquiera consultárselo a sus caporegimenes, había hecho jefe a Michel. Y era alguien que nunca había hecho ganar un céntimo a  nadie, que nunca había dirigido una pandilla, que nunca había hecho nada para ganarse los galones a excepción de la noche en que se cargó a dos tios en un restaurante (cada detalle de ese golpe fue planeado por el gran Pete Clemenza) Solo se habían admitido a tres personas en la familia Corleone sin que tuviesen que hacer nada para merecérselo. Y esas tres personas eran los hermanos Corleone.

Si Michel quería que la organización se comportara más como una corporación, como algo más importante que General Motors, incluyendo el control de presidentes y potentados, ¿Por qué hacer las cosas como si se tratara de unos ultramarinos de barrio?  Corleone e Hijos, Hermanos Corleone. Cuando dispararon a Vito y lo dejaron incapacitado, ¿Quién se hizo cargo? No fue Tessio, que era el más listo y el de mayor experiencia. Fue Sonny, a pesar de que era un tarugo violento ¿Por qué? Porque era un Corleone. Hagen era el consigliere porque creció en la misma casa que Michel. El propio Michel tenía toda la habilidad del mundo, pero había sido víctima de una broma monumental

Moby Dick

Publicado: noviembre 23, 2011 en Libros

El Pequod navega tranquilamente por el índico, con las cabezas de dos ballenas colgando de popa como dos macabros trofeos . Una de las cabezas es la del cachalote, el rey de los mares. La otra es de ballena franca, animal bastante menos digno que su primo, cuya grasa y aceite es de menor calidad. El capitán Ahab sale de su camarote, observa  el sol y el doblón de oro que, refulgiendo suavemente a la luz del atardecer, ha clavado en el mástil prometiéndoselo al primero que vea a la ballena blanca. Se dirige a popa. Observa las cabezas de sus ballenas. No las mira con la satisfacción del capitán que está cumpliendo con su labor, no, las mira con autentico odio, deseando que fuera la cabeza de Moby Dick la que colgara en estos momentos de su barco decorado con huesos de ballena. La tripulación en su momento murmuró sobre la pérdida de tiempo que supone cazar y despellejar un ballena franca, pero Ahab sabe, por mediación de su sombra, de su demonio Fedallah, que un barco en el que cuelguen las cabezas de estas dos ballenas será afortunado en su pesca. Y él tiene la pesca más importante de su vida por delante.  Su pierna de marfil le incomoda, así que coge un arpón y lo clava profundamente en la cabeza del cachalote. Apoyando su peso en él a modo de muleta le habla al cadáver:

Habla, enorme y venerable cabeza… y dinos el secreto que hay en ti. Esta cabeza sobre la que ahora brilla el sol se ha movido por los cimientos del mundo. Donde se oxidan nombres y armadas sin anotar, y se pudren esperanzas y ancoras nunca dichas… has dormido al lado de muchos marineros, donde insomnes madres darían sus vidas por acostarles. Tú viste al oficial asesinado cuando los piratas le tiraron de la cubierta a media noche y sus asesinos siguieron navegando incólumes. ¡Oh, cabeza, tu has visto bastante para desgajar los planetas y hacer infiel a Abraham y no dices ni una silaba!

Ahab tiene ese Don. La lucidez que se alcanza después de atravesar la locura, como un trozo de hielo rodeado de mareas de olas en llamas. El método en la locura.  En palabras de Conrad: “perfectamente lucido, cierto que concentrado en sí mismo con una intensidad horrible pero no obstantemente lucido… pero su alma sí que había enloquecido, se había estudiado a si misma y se había vuelto loca

Un hombre arisco, viejo, amargado que prevé su final y decide salirle al encuentro, arrastrando consigo a otros a al desastre. Amargado por la pérdida de su pierna, un hombre mutilado  y carcomido, monoobsesivo. Ahab es rico, tiene un hijo y una joven y bella esposa que le espera en puerto. No le importa. Para él carece absolutamente de relevancia. Solo existen dos cosas en este mundo, él y la ballena blanca. El resto de las personas de este mundo,  son medios, prolongaciones de sí mismo: “Ahora todos somos Ahab”, dice a su primer oficial, después de forzar a toda su tripulación a un juramento en virtud del cual perseguirán a la ballena blanca hasta las mismísimas puertas del infierno y más allá. Pacta con los poderes de las tinieblas para lograr su empeño. Consigue expulsar de dentro de si mismo al Parsi, su sombra, su demonio, que se burlara de él proporcionándole los medios para aniquilar a la ballena (un arpón forjado por el mejor metal y templado en sangre pagana y una profecía que cuya interpretación más lógica indica que matara a la ballena, pero, como todas las profecías, no es más que una broma de mal gusto cargada de ironía). Un hombre que vive en medio de una pesadilla febril, un hombre absolutamente solo, salvo por la excepción del marinero Pip, un negro encantador y cobarde cuyo ser quedo sepultado en el fondo del mar cuando saltó dos veces de una de las lanchas balleneras en medio de una caza por pánico a la cola del cachalote. La primera vez que saltó se lo perdonaron, después de  la bronca correspondiente en la que le recuerdan que “una ballena se venden por treinta veces lo que usted, Pip, en Alabama”. La segunda vez no hubo piedad ni perdón por su cobardía. Su lancha ballenera le ignoró, así como las otras dos que la seguían. De pura casualidad fue recogido por el Pequod. “ El mar, burlonamente, había conservado su cuerpo infinito, pero había ahogado el infinito de su alma… Así la locura del hombre es la cordura del cielo y para bien o para mal, el hombre se siente entonces libre de compromiso e indiferente como su Dios

Para Ahab , él y Pip son los únicos tripulantes del barco. Pip es el único que recibe muestras de cariño del capitán, a pesar de ser un absoluto inútil en la pesca de ballena. El resto de la tripulación carece de relevancia. Su primer oficial, el serio, responsable y metódico Starbuck,  es parte de él, el que le ayuda a subir al mástil para intentar localizar a la ballena. Ni siquiera este hombre lógico, más preocupado por llenar las bodegas del barco de buen y aromático aceite de ballena que de perseguir una obsesión, puede sustraerse del influjo del capitán. Porque durante un momento de la travesía, cuando prácticamente se subleva contra él reprochándole la estupidez que está cometiendo, faltando a su sagrado deber con los propietarios, con Ahab riéndose en su cara y mandándolo al carajo, Starbuck le mira a los ojos y lo único que siente es una enorme tristeza al ver la degeneración del viejo, alejado de todos. Ni siquiera cuando los presagios de muerte se van sucediendo uno, a uno mientras se aproximan cada vez más a la ballena blanca, a saber, la profecía del predicador loco del Jeroboam ,una tormenta brutal que intenta desviar al barco del lugar donde se sabe que esta la ballena, fuegos de San Telmo que recorren los mástiles, las desmagnetización de las agujas de la brújula, el fantasmal chorro que les sigue por todas partes a la luz de la luna, que le convencen del que el desastre es inevitable, puede animarse a abrir la puerta del camarote del capitán y volarle la cabeza de un tiro . Lo único que le queda es añorar a su hijo, y el desconsuelo de que nadie velara su cadáver.

El segundo oficial de Ahab (mi favorito), es Stub, Envuelto en el humo de su sempiterna pipa, mantiene el absurdo, el horror del mundo con su indestructible buen humor. Ante la sangre, el desastre, la locura de su capitán, ante el mismísimo  Moby Dick avanzando inexorablemente como la muerte, se ríe y dice que dado el agua que van a tragar, bien les valdría tener unas cuantas cerezas a mano para endulzarse la boca. Quizás por eso es el mejor ballenero, frio y desapasionado bajo su coraza de risas. El que empuja a su tripulación con una mezcla de insultos y bromas, sin que en ningún momento le flaqueé el pulso, manejando el arpón con la gracia y la elegancia con que un buen torero maneja el estoque frente a quinientos quilos de muerte con cuernos.

Antológica su reacción cuando consigue asesinar  a la primera ballena. A la luz de las candelas de aceite de esperma de la ballena que acaban de matar, a altas horas de la noche, rebana un filete de cachalote y exige a voces al cocinero que se lo prepare en ese mismo momento. Distraido por los ruidos que hacen los tiburones por borda mientras desgarran el cadáver del cachalote que cuelga inerte por babor, le dice al cocinero que le espante a los tiburones, a la par que le reprocha que no tiene que ni idea de preparar bistec de ballena . Luego se lo piensa mejor y le obliga a que les de un sermón. Y ahí tenemos a Stub, descojonándose de un viejo negro que estúpidamente llama al orden a los tiburones, llamándoles hermanos y pidiéndoles con toda la educación del mundo que hicieran un poco menos de ruido en su cena para que el segundo oficial pudiera disfrutar en silencio de la suya.

Como tercer oficial tenemos a Flask, pequeño, rechoncho, duro, que persigue a las ballenas no como un negocio, si no como una pasión, un odio que le hace un magnifico ballenero. Lo que le diferencia de Ahab es que Flask no profundiza en las causas de su ser, ni pacta con las tinieblas.

Los recipientes de la preciosa sangre con que se  forja el arpón de Ahab son tres, los grandes paganos del barco , salvajes orgullosos como reyes, encargados junto con los tres oficiales americanos de pura cepa de nueva Inglaterra, de aniquilar a los cachalotes como sus arponeros principales. Al primero que conocemos es al entrañable Queequeg, un príncipe caníbal de generoso y de buen corazón que hará rápidas migas con el narrador, Ismael, antes de que ambos se embarquen por decisión del dios de Queequeg , el negó Yojo, en el Pequod, Certero con el arpón como un francotirador, valiente como un choto joven y con la piel cruelmente tatuada y los dientes afilados. La pesadilla de un misionero cristiano que esconde a todo un príncipe guerrero. Este es el arponero principal de Starbuck. El siguiente es Tashtego,  uno de esos indios que cansado de arrancarles la cabellera a los diablos blancos de Tsêhe’êsta’éhe  o  Cabellos Rubios, se decide por arrancársela a los cachalotes, bajo las ordenes de Stub. El ultimo es el príncipe de ébano Daggoo, un gigante de más de dos metros que aterroriza al mayordomo del barco con sus prisas a la hora de devorar la comida (al único que no aterroriza es al español que hay embarcado en el Pequod. Como buen paisano, en cuanto el negro se pone chulo tira de navaja. Como no podía ser de otra forma, el único tripulante ingles pide a gritos que le quiten la navaja al español. Se ve que nos conocía)

También, como simple marinero, tenemos a  Isamel, el narrador. Un poeta soñador, trasunto de Melville, que decide regalarnos esta obra, mezcla de sueño y sesudo análisis científico de la ballena y de las características de su caza. Hay pocos capítulos en la literatura tan jodidamente hermosos como  en el que  nos describe emocionado lo que ven el mismo y los tripulantes de su lancha ballenera tras introducirse en el mismo corazón de una manada de dos mil ballenas. Queequeg, certero como siempre desde su lancha, arponea a una de las grandes ballenas que nadando en círculo protegen el interior de la manada. Esta ballena, aterrada por el hierro que tiene clavado, huye introduciéndose en la manada de ballenas, arrastrando con ella a la lancha ballenera de Ismael. Nuestros balleneros consiguen esquivar, por una mezcla de suerte, cojones y pericia, un laberinto de cuerpos, bocas y colas de ballenas adultas, hasta que llegan al mismo centro del huracán, un circulo de paz rodeado de muerte.  Ahí, sobrecogidos, observaran en las cristalinas aguas a las ballenas bailando dentro del agua con sus parejas, perpetuando la especie, a pequeñas crías mamando de sus madres y hasta pequeños cachalotes que curiosos o aterrados se aproximan a la lancha para que los balleneros les acaricien la cabeza. Ante el extraño y en ocasiones absurdo comportamiento de las ballenas en los momentos de caza, que son capases de pasar de una fuerza asesina a una docilidad más propia de una oveja camino del matadero, el propio Ismael reflexiona indicando que no nos precipitemos a juzgar como estúpido el comportamiento de la ballena, ya que basta observar la reacción de una multitud en un teatro en llamas para dejar claro que la estupidez gregaria no es ni mucho menos una característica exclusiva de los animales de Dios.

Y por supuesto, Moby Dick.

Primera pregunta. ¿Qué es Moby Dick?. Respuesta. Todo. Todo lo que quieras. Esa es la belleza del libro. Al diablo con lo que digan los expertos y hasta el propio melville, que fue lo suficientemente astuto como para que en el libro nunca  se nos dieran certezas de lo que simboliza su ballena. He leído de todo. El capitulo del “el color blanco” parece indicar que Moby Dick significa la búsqueda de un Dios salvaje, al ser el color blanco una de las atribuciones de la divinidad (tomando como ejemplo el  toro blanco en el que se metamorfosea Zeus). También puede ser  la personificación de nuestras obsesiones, o  la atribución a un simple animal como es Moby dick de características humanas, como la crueldad o la inteligencia, cuando no es más que un cachalote albino que se defiende cuando le atacan. (Esta teoría, con todos los respetos por su autor, que fijo que sería un lumbrera del análisis concienzudo de novelas, me parece un chorongo. Que me explique entonces como es que las orcas se pasan unas a otras a modo de macabra pelota crías de foca aun vivas).Hasta que es… ¡una  metáfora de la adición a la cocaína! (ese Ahab medio loco buscan un buen pollo de mandanga por Japón… manda huevos). También puede simbolizar  la naturaleza, el destino, el océano, y el universo en sí.

Mi favorita es la de Miguel Lopez-Neyra.  Moby Dick es  un cachalote que hace un pacto con Dioses Submarinos más viejos que la propia tierra por mediación del Kraken.  La letra de este pacto lo lleva gravado en su propia frente, llena de cicatrices, que no son si no los jeroglíficos de un lenguaje que ya era viejo cuando los mares se enfriaban en la tierra. ¿Sus condiciones? “Te otorgamos un color y un Nombre, además de la  Inmortalidad (Ni siquiera el Arpón de Ahab puede con él), la inteligencia (Va directamente a por la estachas, las cuerdas que aprisionan a sus congéneres para liberarlos del hombre), la ubicuidad (capitanes juran que lo vieron al mismo tiempo en dos lugares del globo distintos), y la fuerza (es capaz de derribar barcos balleneros enteros)…  y en pago de este contrato, asistido por una cohorte de tiburones que prácticamente arrancarán las palas de las lanchas balleneras a bocados, haciendo que el océano hierva en una tormenta de espumas, aleta y dientes, nos darás  los esqueletos de los marineros que llevaras al fondo del mar hasta la guarida del Kraken, para que este disponga de sus huesos en macabras formas como ofrenda  a nosotros, Dioses cuyos sueños ebrios dan forma a esta realidad mientras dormimos en una estrella”.

Los dioses paganos de Ahab, más jóvenes, no pueden con los Dioses más viejos e indiferentes de Moby Dick. Lo único que puede hacer Ahab mientras el cadáver de Fedallah le observa irónico atado a su ataúd de carne blanco, es decir esa magnífica maldición: “Desde el corazón del infierno, te apuñalo” para luego ser arrastrado a las profundidades,  todavía vivo dentro de la ballena como ya le tocó a Jonás, para observar aterrado y exultante los secretos de ese mar en el que, después de cuarenta años navegándolo, solo llegó a conocer un infinitesimal parte de su superficie.

Y ahora, flotando tranquilamente en el ataúd de Queequeg, esperemos que pase el Raquel buscando a sus hijos perdidos.

Despachos de Guerra, de Michael Herr

Publicado: septiembre 12, 2011 en Libros

Me encanta la guerra de Vietnam. No sé porqué. Supongo porque el Imperio fue derrotado. Todos somos derrotados. Porque fue una guerra surrealista. Porque parte de los veteranos volvieron locos. Por la frase que le dice el padre de Moss al Sheriff Bell en No país para viejos :”No se puede ir a la guerra sin Dios. Tanto daría que fueran sin fusiles”. Por las películas, por Sheen, padre e hijo, Marlon Brandon, Duvall y el semi desconocido reparto de la Chaqueta Metálica

Lo jodido es que la guerra de Vietnam era ya una guerra cinematográfica décadas antes de que se estrenaran Apocalipsis Now, la Chaqueta Metálica o Platoon. Les costó estrenarlas, eso sí, o tuvo que pasar el tiempo hasta que alguien tuviera huevos a hacer una película sobre las toneladas de mierda que allí cayeron. Creo que nunca llegaremos a entender como afecto a la psique colectiva estadunidense esa derrota. Hacer películas de la segunda guerra mundial esta chupado. Nunca Estados unidos ha tenido tan claro su papel de salvador del mundo occidental como en Europa. El bien frente al mal. Blanco contra negro. Democracia contra dictadura genocida. En Vietnam se les jodió el invento enfrentándose a la jodida escala de grises. Aunque cuando lo hicieron, lo hicieron a lo grande, cierto es. Michel Herr lo hizo.

Michael Herr, el autor del libro, cuenta que los soldados hablaban de lo poco que les gustaba la “película” de Vietnam. Criados en una cultura de cine y televisión, machacados durante años por películas bélicas, algunos de ellos, aun después de las primeras escaramuzas, se lo montaban de tal manera que actuaban ante las cámaras. Hasta el propio Herr reconoce que en sus primeros combates no se sintió especialmente mal. Era las mismas cosas que había visto en televisión, trasladadas a otro medio. Luego se dio cuenta que había escenas sin cortes ni montajes, y que los muertos no eran actores.

Este libro es el germen o el génesis de las obras maestras de Kubrick y Coppola. Todo se encuentra en este libro: El soldado con el símbolo de la paz en forma de chapa en el casco al lado de la inscripción que dice: Born to kill. El ametrallador del helicóptero Huey que es cojonudo, que lleva ciento cincuenta caras amarillas, todas con certificado, incluyendo mujeres y niños, solo hay que apuntar un poco mejor. Los ataques de helicópteros artillados. El olor del Napalm por la mañana, oliendo a victoria. El hermano negro que hace un tiro perfecto con un lanzagranadas M 70 reventando a un vietcong malherido. Los adictos al combate que hacen su tercer servicio porque se enganchan a dispara y a que los disparen, deseando ire a casa cuando están en Vietnam y deseando estar en Vietnam cuando están en casa. No por nada Michael Herr fue el guionista de Kubrick

Y cosas más jodidas que no aparecieron en las películas. Todas absolutamente reales. Un ejemplo, Herr te cuenta como en todo pelotón había un afortunado, alguien mágico, tocado por la suerte, el destino o dios, inmune a la muerte. El conoció a uno. Su mujer le había enviado una carta diciéndole que le dejaba y que estaba embarazada de su mejor amigo. El sonrió y dijo que pronto le darían una licencia para volver a casa. Sus compañeros le contestaron que solo te la daban una licencia cuando fallecía un ser querido. El sonrió aun más y dijo que cuando el volviera no habría uno, habría dos. Todos tenían tan claro que iba a volver a casa a liarla (Algo tan horrible tiene que ser inevitable) que había palos para compartir con él la casamata. Ningún proyectil de mortero o rifle iba a impedir que ese tío la montase parda en su pueblo de mierda de Minnesota. Siempre buscando reglas al absurdo, al fin y al cabo.

Me gusta el libro porque el tío lo escribió con sus tripas. No estuvo tres días en un hotel de Saigón  para luego escribir un sesudo libro explicando porque odia la guerra más de lo que tú y yo podríamos odiar nunca, dado que no somos finos y humanistas intelectuales. El tío se mete directo al fregado. Primera linea de fuego, con los sufridos marines. Algunos le odian, porque está ahí sin que nadie le obligue. La locura última. Pero la mayoría le quieren. Raciones, tabaco, mantas, todo para él. Le cuidan, le protegen. Gestos de ternura por parte de unos despiadados asesinos. Chicos normales en su mayoría metidos en una movida incomprensible, que saben que cuando todo se va a la mierda, no hay reglas. O estas están muy difusas. El mismo, cuando no le queda más  remedio, combate.  Creo que es absolutamente cierto porque apenas habla de ello en el libro. Solamente comenta como de pasada que en la ofensiva del Tet un sargento le pasó un M16 mientras le preguntaba si sabia usarlo y él contestó afirmativamente.

Nada más.

Acojona cuando te cuenta sus sueños cuando vuelve a casa. Herr se paso una temporada convencido de que por las noches, su cuarto estaba lleno de marines muertos. No sentía terror. Simplemente encendía la luz y un pitillo y pensaba que tendría que buscar mantas para taparlos. No los iba a dejar así, por Dios.

Finalmente dejo de tener esas pesadillas. Y él dice que no eran de las peores de las que había oído hablar.

Lo mejor del libro, su compañero Page, corresponsal de guerra. El jodido Page. Veintitrés años, ingles, absolutamente chiflado. Creador de la frase que posteriormente inmortalizaría Kubrick de manos de cowboy:” Hola niña buena, yo también soy un niño bueno”. Se metía en todos los fregados.  Adicto al combate y enamorado de Vietnam. Casi le revientan cuando descendió de un helicóptero junto a un sargento para ayudar a unos heridos en combate. El sargento pisó una mina, que le arranco las piernas y a Page le clavo un fragmento de cinco centímetros de metal en la cabeza encima del ojo izquierdo. Sobrevivió, ni los médicos se explicaban cómo. Cuando le hicieron una fiesta de retiro, Page, en su silla de ruedas, colocadísimo, le hablaba  Herr de que le habían encargado un libro cuyo título seria “Acabemos con la guerra”. Page se descojonaba diciendo que el editor era imbécil. Quitarle el encanto a la guerra es como intentar  quitárselo al sexo.

“Vaya idea-dijo después-¡Que risa! ¡Quitarle su jodido encanto a la jodida guerra!

Capitán de Navío

Publicado: agosto 30, 2011 en Libros

Después de ver la pedazo de película interpretada por Rusel Crowne y de leer el primero de los libros de Patrick O `Brian, Capitán de mar y guerra, cayó en mis manos el segundo libro de la saga, Capitán de Navío, y con la lectura aun reciente, me comprometí a adquirir toda la saga.

Una de las mejores cosas de leer estos libros de Patrick es aprender a diferenciar babor de estribor y proa de popa y atormentar a tus amigos con ese conocimiento cuando por alguna casualidad os encontréis todos juntos encima de una masa de agua.

Enganchan. Mucho. No solamente por las magistrales descripciones de las maniobras, batallas, barcos, costumbres y modos de la época de principios de siglo XIX. Son la pareja protagonista, el capitán Jack Aubrey y el doctor Esteban Maturin, quienes hacen estos libros únicos. Desprenden carisma de proa a popa. Las reflexiones del Doctor Maturin, medico, cirujano, naturista y filosofo, sobre la naturaleza humana, son de una lucidez aplastante. Sobretodo respecto al tema amoroso. Porque lo mejor del segundo libro, a mi entender, no está en los vericuetos por los que tiene que pasar el capitán Jack Aubrey para que le concedan el rango de capitán de navío, o la labor de espionaje de Maturin por tierras españolas. Es la comida de tarro que se traen los dos protagonistas por conseguir a la misma mujer, Diana Villers.  Ahhh, Villers, Villers, la puta Villers, Villers la bruja. Demonio con los ojos azules. Jugando a un juego más antiguo que ella misma. Dejando por el camino a Jack y a Esteban más jodidos  que si se hubieran comido una andanada de un barco de línea consistente en novecientas libras de metal y hierro propulsadas a mas de cien kilómetros por hora.

Vamos, reventados y a punto de matarse el uno al otro por una mujer que nisiquiera los ama.

Si es que los hombres somos imbéciles.

Leí este libro en una época pelín complicada. Y descubrí, aterrado, que las reflexiones sobre Maturin sobre sus sentimientos por esa pava no eran las suyas. El libro no hablaba de ellos. El libro hablaba de mí, de mis sentimientos, mejor de lo que yo podría expresar en mi puta vida.

Retomando al tema, aunque los libros que he leído (los dos primeros y la Fragata Surprise avistándose a proa) son, dejándolo claro, obras maestras, es mosquante la manera en que el libro trata a los españoles. El autor es Ingles, así que tampoco vamos a dar grititos de doncella ultrajada, y qué coño, ni que te pusieran una pistola en la cabeza por leernos.  Pero en resumidas cuentas, que somos unos piltrafillas valientes, con los mejores barcos del mundo (Ya tenían que ser la leche para que esto lo diga un hereje rubio hijo de la pérfida  Albión) y poco más. De nuestras victorias (Que las hubo) pasamos de puntillas, y ahí está Nelson para darnos en todos los morros. Aunque nunca viene mal recordar que el tío perdió el brazo cortesía del General  Gutiérrez, natural de Aranda de Duero y con dos cojones.

Aunque el tío tampoco se corta con los ingleses. Su almirantazgo también estaba carcomido por la envidia y la corrupción, el padrinaje y demás (Y yo creyendo que los únicos corruptos somos nosotros. Es necesario viajar más), pero eso no les impidió hacerse dueños de una buena parte del planeta. Sospecho que debía ser consecuencia de la poca desvergüenza que tenían para enriquecerse, con ese pragmatismo y  flema británica que les permiten ver los problemas en su justa perspectiva, sin adoptar esa costumbre española de “a tomar por saco y yo me quedaré tuerto pero yo a ti te dejo ciego”.  Pero pensándolo bien, que demonios, conquistamos un continente en cincuenta años (Una profesora mía de historia en la facultad me comento que aun los historiadores se estaban explicando cómo podía se eso materialmente posible, yo se lo explico, locura y unos huevos bastante considerables). Además, el propio Maturin (Indico aquí que el doctor Maturin no es ingles, es catalanoirlandes, palabreja inventada ad hoc),  realiza una explicación magistral respecto a determinadas actitudes de Jack (las inglesas al fin y al cabo) que me pareció sumamente reveladora: “Ni el mismo se da cuenta de su propia hipocresía.”

Y yo me dije, bien por él, si eres consciente de todos tus errores es para meterse un tiro.

Pero les envidio. Y leyendo la novela, les envidie aun más. Tiene una salida facilísima a todos sus problemas, sean estos laborales, sociales o amorosos. Embarcarse. Montarse en un barco y poner muchas millas entre tu persona y la costa, viviendo el dia a dia porque en la mar no es nada seguro. Jodidos marineros, tienen a su lado el mejor de los sedantes del mundo.

Porque, amigos, es así. El mar adormece. La culpabilidad, los fantasmas, se quedan atrás ante esa masa de agua azul. Supongo que como el mar es un bastardo egoísta, acabas como él. Me gustaría vivir en otra época, embarcarme un barco corsario, o un ballenero. Al demonio con la tierra.

No hablo de oídas, en un reciente viaje realizado con unos amigos, en un islote de dieciséis quilómetros de diámetro frente a las costas gallegas, lo sentí.  Sentí a Dios y me importa un rábano que no se entienda.

Llevamos caminando más de seis quilómetros bordeando los acantilados, en ayunas, bajo el sol, sin una maldita sombra de pino o eucalipto que echarse a la cara. Decidimos sentarnos en unas rocas, justo encima de un acantilado. Estuvimos cerca de media hora sin dirigirnos la palabra. Silencio absoluto. Y mis amigos y yo no nos callamos ni debajo del agua. Solo el mar, indiferente y tranquilo golpeando las rocas, hablaba. Éramos los creados observando al creador sin que este se diera cuenta. Sentí algo al observar esa vastedad azul. La inmensidad, la calma. Algo más grande que nosotros, que seguirá ahí cuando nosotros nos hayamos ido. Y lejos de resultar deprimente, era tranquilizador. Sedante. Nada más hermoso que cuando el conocimiento de algo (palabras, teórico) coincide con los que te dice el alma o las tripas (Sentimental). Entonces estas completo, parece que consigues desentrañar una regla de esta absurda partida de ajedrez que llaman vida.

Por eso, cuando no tengo el mar a mano tiro del que me proporciona Patrick.

Fanáticos

Publicado: agosto 22, 2011 en Libros

Cedemos la palabra a Don Arturo Pérez-Reverte:

“Nadie puede decir,después del tuiteo intenso de la semana pasada,que el arriba firmante sea muy pro-Benedictus o aficionado al agua bendita.
Ni que monseñor Rouco pueda considerarme miembro conspicuo de su club de fans.
Aclarado eso, diré que hubo una foto esta semana que me hizo echar la pota.
Un energúmeno con las venas del cuello hinchadas, desaforado, gritándole en la oreja a una muchacha asustada que besaba un crucifijo.
Se sentía provocado, por lo visto, hasta estallar de cólera, porque la chica rezaba.
Será un reflejo de educación machista, o lo que sea. De mis 59 tacos. Pero ese pavo aullante me dio vergüenza ajena. De ser hombre.
Me recordó aquella foto de Capa con los héroes de la Resistencia (de última hora, claro) riéndose de una pobre mujer a la que paseaban.
La habìan rapado y la paseaban con su hijo en brazos y la svástica pintada en la frente. Tronchándose de risa.
Algo me dice que el mecanismo íntimo de una y otra foto no es por completo diferente.
Quizá porque cuando trabajaba en sitios oscuros vi a mujeres indefensas a las que también gritaban, con crucifijo o sin él.
Unos gritaban, y otros hacían cosas peores. Todo muy tradicional: perra bosnia, perra croata, perra judìa, perra cristiana. Vieja historia.
Trabajando en aquellos lugares (21 años dan de sí) también me avergoncé muchas veces de ser hombre. Ser hombre empeora al ser humano. Creo.
No es una teoría sociológica. Sólo una impresión de vida. Seguramente errónea. Esa vida me hizo subjetivo, supongo.
Lo mismo sólo es vieja deformación profesional, y aquel energúmeno gritándole a la chica asustada,porque rezaba,sea lo más normal del mundo.
Lo más normal de este puto y confuso mundo.
Quizá por eso hay días en que me encanta el olor a napalm por la mañana.”

El Señor de los Anillos

Publicado: agosto 8, 2011 en Libros

 

 

 

Una de las cosas más curiosas que leí del Señor de los Anillos (una edición especial de todos los libros reunidos que me regalo un tío mío de vacaciones, con una ilustraciones de Alan Lee que inspiraron  gran parte de la fotografía de las muy posteriores películas), no es la novela propiamente dicha, sino su prefacio. Durante algún tiempo, se dijo que la guerra del anillo representaba los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial (época en la que Tolkien escribió la novela) Tolkien lo desmintió totalmente.  Y prácticamente describe un argumento paralelo de la novela, lo que hubiera ocurrido si la guerra del anillo SÍ hubiera estado basada en la segunda guerra mundial:

“El anillo hubiera sido utilizado contra Sauron; no habría sido aniquilado sino esclavizado, y Barad-dûr hubiera sido ocupada y no destruida: Saruman, como no puede apoderarse del anillo, envuelto en las confusiones y traiciones de la época, hubiera encontrado en Mordor los eslabones perdidos de sus propias investigaciones sobre la historia del anillo, y no habría tardado en fabricar un Gran anillo propio con el que podría desafiar al Señor de la Tierra Media. En este conflicto ambos bandos hubieran despreciado y odiado a los hobbits; no hubieran sobrevivido mucho tiempo ni siquiera como esclavos.”

Parece una versión moderna de lo que sería el señor de los anillos si alguien lo escribiera ahora. Y tampoco ando muy desencaminado, Juego de Tronos va por esos lares.

No es que Tolkien fuera ingenuo. Es que escribía como le salía de los cojones, cosa que siempre es de agradecer.

Curiosamente, cuando lo leí de chaval, a mi me pareció una obra nórdica, de noruega o de esos salvajes países poblados por mastuerzos rubios de dos metros devora arenques que cocinan como barbaros, es decir, con esa emulsión grasienta que es la mantequilla (cosa sabida es que los pueblos civilizados cocinamos con aceite de oliva, producto que debemos agradecer a esa panda de imperialistas sin escrúpulos que fueron los romanos, aunque a cambio nos sacaron de las tinieblas que algunos paletos parecen añorar). Porque con tanto elfo rubio, bosques, anillos, dragones y la puta que los pario bien  se podía confundir  el libraco con el anillo de los nibelungos chungos.

Pues niet. Es una obra cristiana.

¿Qué no? Cuando a Gandalf le dice a Frodo que el anillo es suyo, a Frodo (Hijo de Drogo, por cierto, nombre que cogió el amigo George. R.R .Martín para bautizar a su Khal. Lo de R.R. no se lo saco por que se apellide realmente Rodriguez Ridruejo) le falta el canto un duro para contestarle “Aparta de mi ese caliz”. Y si continuamos, lo de Frodo no es una aventura. Es la Pasión. Primero, la puñalada que le mete el Nazgul, luego el lanzazo del orco en Moria, luego la picadura de Ella Laraña, continuando por los latigazos que le dan en Cirith Ungol, sin olvidar el mordisco de Gollum y por supuesto, ese via crucix que consistente en arrastrarse centímetro a centímetro por la tierra de Mordor con el anillo a cuestas, poco menos la cruz que le costara la vida por poco. Y el tio en vez de mandarlo todo a hacer puñetas, continua con resignación cristiana, soportando ese sufrimiento porque es su Misión, impuesta por Poderes que no comprende.

Catolicismo a tope y de pagano lo justo, caballeros.

¿Mi personaje favorito?

Tiene diez mil años, tumba colinas con cuatro palabras, el anillo no tiene efecto sobre él, los tumularios le temen y controla el bosque. Ah, y es inmortal. Nada ni nadie puede matarlo.

El amo.

Tom Bombadil.

Mientras otros hacen anillos del poder, matan dragones, elevan ciudades en mares lejanos, intentan conquistar Valinor,  crean horrores y maravillas y se traicionan unos a otros, el tio se dedica a componer estos versos:

“Tom Bombadil es un sujeto sencillo, con chaqueta azul y zapatos amarillos.”

Luego se debió echar la siesta, supongo, después del agotador parto intelectual que le supuso crear tan magníficos versos.

Al principio, yo creía que este personaje era ridículo y gilipollas. Luego me di cuenta que era el más inteligente de todo el reparto.

¿Qué hace el tío? ¿Intenta conquistar el mundo? Para nada. Se debió decir que las ulceras estomacales provocadas por el estrés se las comieran los gandalfs, sarumans, saurons y denethors del mundo. Que el pasaba bastante. Así que se hico un chalet al pie de una colina, se arrejunto con una elfa que estaba la leche de buena y se dedico a cantar y recoger flores.

Vamos, un bohemio vividor que es feliz con ser el que es y nada más. Una hazaña nada fácil, a mi modesto entender.

De eso me di cuenta muchísimo más tarde. En mis fantasías preadolescentes era un aguerrido montaraz silencioso y misterioso que tenia a todas las aldeanas cayéndoseles la baba por el tamaño de su espada. Luego creces y te conformas con ser un pacifico hobbit en la comarca.

Por lo de bien comido y feliz. Y por la hierba de los medianos, por supuesto.

Juego de Tronos

Publicado: julio 27, 2011 en Libros

Soy adicto. Tanto a la serie como a los libros. Respecto a la serie, solo indicar que las interpretaciones son magistrales, puro producto HBO, con unos 40 millones de dólares respaldándoles.

Respecto al libro… ¿Es un Harry Potter para adultos?

Claro que sí. Y por eso nos gusta tanto. Una novela coral, con personajes complejos que huyen de maniqueísmos, con un trasfondo de fantasía basado en la guerra inglesa medieval de las dos rosas, fruto de un trabajo de investigación del autor de años.

El libro es brutal, un reflejo de épocas más salvajes (¿felices?) y aquí, aunque existe la magia, como detalle y lo que a mí me parece un gran éxito por parte del autor, en los primeros libros es vestigial, aunque según avance el tiempo esta cobrará más y más importancia en la trama.

Y yo, tras una ardua encuesta con el cubata de la mano y teniendo conversaciones lleno de vodka hasta las patas en mis garitos preferidos, puedo afirmar que más allá de los detalles fantástico históricos y sus innegables meritos, la novela es un éxito por dos factores, dos personajes:

Daenerys «Dany» Targaryen y Tyron Lannister.

El último es el hijo pequeño de uno de los señores más poderosos del reino de Poniente, Tywyn Lannister, corajudo caballero que parece el prototipo del príncipe de Maquiavelo, sin compasión, astuto como zorro y fuerte como un León. Un Fernando I de Aragón en versión anglosajona. Y de tal palo, tal astilla, pero con la diferencia que Tyron es un enano, gnomo, o medio hombre, como le llaman siempre. ¿Y por qué este personaje es uno de los mejores? Por su inteligencia. Y su sensibilidad. Y su deformidad física. Y un sentido del humor acido y corrosivo a prueba de fuego Valyrio. Es un superviviente, que se rie de si mismo, de su forma física, de su padre, del mundo, siempre luchando el doble que los demás por tener la mitad de su estatura. Y aunque el resto de los protagonistas le consideran un monstruo, es con diferencia el personaje más moral de todo el reparto. Hace todo el trabajo, aunque después otros se apropien del merito, pero sobrevive para contarlo.

Breve muestra del ingenio del personaje cuando se encuentra rodeado en las montañas por barbaros y estos le preguntan con un hacha apoyada en el cuello que como quiere morir:

“-¿Cómo quieres morir Tyron, hijo de tywin?

-Viejo, en la cama, con la barriga llena , con una copa de vino en la mano y la polla en la boca de una doncella.”

Ni que decir tiene que los barbaros se descojonan vivos y le perdonan la vida. Y al cabo de algunas horas, acaban trabajando para él.

Y la Targaryen. Una princesa. Pero no una princesa dysney, si no una tia con dos cojones. Empieza exiliada, guiada por el imbécil de su hermano mayor que la desposa con el Khal de una tribu nomada salvaje, que recuerda un huevo a los mongoles, y a base de cerrar la boca (y abrirla cuando debe), acaba mandando más que el Khal… Otra superviviente, dura de narices pero con ramalazos de ternura y de piedad.  Y hermosa como un demonio. Alguno de sus capítulos son autenticas obras de arte respecto a lo que terror se refiere. Una de esas chicas por las que cualquiera, rey, mendigo, señor, bardo, eunuco o puta acaba perdiendo hasta el alma.

Si  leéis los libros, o tenéis paciencia para la serie (consta de diez capítulos, los tres primeros de presentación, del cuarto al séptimo los personajes van adoptando sus posiciones en el tablero y a partir del octavo sacan el hacha) os enamorareis de estos personajes. No tendréis más remedio.

Aunque, tal y como es el libro, mejor nos enamoréis de ninguno. En algunas ocasiones los libros/la serie parece una película de  Sergio Leone. Aqui no hay héroes inmortales. Para los héroes, la vida es lo más frágil que tienen. Aunque también para el campesino, pero al menos los otros tienen un bardo que les cante las hazañas.

Perro mundo.