El Padrino

Publicado: diciembre 14, 2011 en Libros

No es un libro que refleje de manera verosímil lo que es la mafia, a pesar de que buena parte de su argumento esté firmemente enraizado con la historia del crimen organizado americano.  Los paralelismos entre realidad y ficción no es que sean meros detalles, es que la propia estructura del texto es la crónica real del ascenso al poder de las mafia italo-americanas de Estados Unidos. Pero con el matiz que explicaremos al final de la entrada.

Empezaremos por el más grande, Vito Corleone,  uno de los arquetipos de jefe mafioso. (Más bien, EL arquetipo)

Es indudable que la principal fuente de inspiración de Mario Puzo para crear a su personaje fue el inigualable jefe mafioso Carlo Gambino, líder de la todopoderosa familia neoyorquina Gambino, capo di tutti capi de la Comisión durante los sesenta y un buen pedazo de los setenta.

Carlo, al contrario que los violentos cazurros que lo rodeaban, era prudente, pragmático y consideraba la violencia como un activo más de su empresa, no una finalidad en sí misma. Se le podía ver por el Little Italiy paseando con su viejo traje y su coche de segunda mano, aunque pasear es un eufemismo, ya que cada pocos pasos era parado por viandantes que querían obtener su beneplácito y favores, o tomando un café tranquilamente mientras leia un libro escudado en su enigmática sonrisa que provocaba sudores a aquellos que tenían que enfrentarse a él. No solamente dirigía los negocios de la familia Gambino (En un paralelismo con Vito Corleone, a él también le desagradaba sobremanera el trafico de drogas), si no que entre otras cosas, se dedicaba a  favorecer a las hijos de las familias más necesitadas para que estos pudieran cursar sus estudios.

Construyó una de las familias más poderosas del crimen organizado con la cantidad justa de violencia. Y a pesar de su larguísimo reinado, apenas pasó más de dos años en la cárcel. En una de las listas que el fiscal general del Estado Bobby Kennedy puso en circulación sobre los miembros de la Mafia que deberían ser encarcelados, ni siquiera aparecía mencionado. Lo organizó de tal manera que él mismo no era más que una presencia amenazante y poderosa, lo más parecido a un emperador romano entre bastidores. Para desgracia de sus sucesores, estos no aprendieron las cualidades de no estar en el centro de la atención pública, ya que uno acabó muerto y el otro convertido  en una estrella de la televisión, eso sí, desde la cárcel.

La mejor definición de él la tenemos en una cita de Joseph Bonnano, líder de una de las cinco familias de Nueva York:

Él no era un guerrero de la mafia. Siempre daba una oportunidad antes de utilizar la violencia. Anastasia lo utilizaba para negociar. Un día, Anastasia en un ataque de furia, le propinó una bofetada. Eso en Cosa Nostra significaría la muerte en el momento de uno de los dos, pero Gambino prefirió tranquilizar a Anastasia. Don Carlo sonrió fríamente y le dijo que algún día le pediría explicaciones de aquella afrenta. Aquello significó la pena de muerte para Anastasia”.

Aunque si el talante conservador, frió, prudente y su repugnancia hacia a las drogas fue el que marco a Mario Puzo para crear el perfil psicológico de Vito Corleone, la trayectoria de este por el mundo del crimen organizado está basada en la carrera del Gran Lucky Luciano.

 Al igual que Vito Corleone, el temido Don Carlo era un hombre de aspecto modesto e inofensivo, que nunca levantaba la voz y detestaba que nadie gritase en su presencia. Era un hombre de familia chapado a la antigua: no era mujeriego ni se le conocían grandes vicios y vestía de forma discreta

Uno de los puntos fundamentales de la novela de Puzo es el ascenso del mismo a Capo di Tutti Capi. Vito, después de enriquecerse con el contrabando de alcohol durante la Ley Seca, vio como le negocio se le terminaba cuando la Ley fue abolida, así que intento asociarse con Salvatore Maranzano, jefe mafioso que dirigía la usura y las apuestas ilegales. La negativa de este desembocaría en una sangrienta guerra que terminaría con el asesinato de Maranzano a manos de Tessio en una cafetería durante una tregua concertada por ambos bandos. Finalizada la guerra, Don Corleone se dedicaría a construir las que posteriormente serian llamadas las Cinco Familias de Nueva York y organizar el resto del crimen organizado mediante un órgano ejecutivo y consultivo denominado La Comisión, frente a la cual estarían los miembros más poderosos de la Mafia de todo Estados Unidos, además de acordar que Miami y Las Vegas seria ciudades libres bajo el control conjunto de las familias.

Este episodio es una adaptación de la guerra Castellammarense y la noche de las vísperas sicilianas. A finales de los años veinte en Nueva York, dos jefazos combatían por el poder como perros rabiosos, por un lado Sal Maranzano (efectivamente, el mismo que el de la novela) y por el otro lado Joe “el jefe” Maseria. Maranzano creia en la alianza entre los italianos y los judíos, mientras que Maseria abogaba más por la pureza racial y el respeto a las Tradiciones, es decir, una organización exclusivamente siciliana (y de fondo, y como razón fundamental y suprema, en palabras del gran Nicky Santoro: “El dinero, siempre el puto dinero”). Después de más de ochenta muertos en las calles, Lucky Luciano, la joven promesa del hampa, orquestó una tregua entre ambos bandos con el único pretexto de cargarse al que dentro de poco seria su exjefe, Maseria. Después de que este fuera acribillado en un restaurante, Lucky concertó la paz con Maranzano, que no duraría mucho. En el 31, Maranzano seria asesinado por los amigos judíos de lucky, y este tendría las manos libres para librarse de la “Vieja Guardia” siciliana y cumplir su sueño, crear un holding criminal supraterritorial estructurado en torno a las Cinco Familias y a la Comisión, con Las Vegas y Miami como ciudades libres, asociándose con irlandeses y judíos.

No era astuto el zorro de Puzo, ni nada.

Por supuesto, a nadie que haya leído la novela le puede pasar por alto que Johnny Fontane no es más que un alter ego de Frank Sinatra. En el libro, Michel Corleone le cuenta a su novia como El Don, su padre, hacia años, le puso una pistola en la cabeza a Tommy Dorsey, jefe de Fontane en su banda musical, para que este rescindiera el contrato que le ataba. En la realidad, fue un mafioso real amigo de Sinatra, Moretti, quien amenazo de muerte a Tommy Dorsey para que rompiera su contrato con Sinatra (por cierto, el tal Tommy Dorsey debería ser un músico de armas tomar, ya que cuando Lucky se enteró de lo que había ocurrido soltó algo parecido a que  Moretti  tenía suerte de haber salido con las pelotas en su sitio). Esta anécdota a sido siempre negada por Sinatra. Se rumorea que la escasa relevancia que tiene Fontane como personaje en la película (a pesar de ser uno de los protagonistas indiscutibles del libro junto con Michel Corleone) se debió a que Frank odiaba la imagen que Puzo daba de él. Un pezzonovate gimoteante siempre dispuesto a ir a lloriquear a las faldas de los mafiosos cuando tenía algún tipo de problema con sus jefes.

Sin olvidar por supuesto a Moe Green, creador de las vegas, asesinado por los Corleone por su mala gestión de los casinos cuando la familia se extiende hacia Nevada. Bien, pues aquí Moe Green no es más que un trasunto de Bugsy Siegel, uno de los mejores amigos de Lucky (y uno de los que asesino a Maseria), que debe ordenar su asesinato porque el casino financiado con los recursos de la familia es una máquina de quemar el dinero.

La cuestión es que el Padrino, mas que una novela que tiene un pie metido en la realidad, es una epopeya shakesperiana. Ese rey Corleone atormentado por el destino de sus hijos, que deberán pagar el precio por sus pecados, los crimenes rodeados de esa aureola trágica de sangre llama a la sangre, los problemas sucesorios del favorito de la familia, las traiciones de amigos, hermanos, todo ello empapando el subconsciente colectivo hasta dar a la mafia un aire de honorabilidad y de grandeza humana que poco o nada tiene que ver con la realidad.

Sinceramente, y yéndonos al cine, la mejor obra, en este caso una película, que refleja el día a día de los mafiosos (Exceptuando los Soprano, por supuesto) es la enorme Goodfellas. El prototipo de mafioso no es Vito o Michel Corleone asintiendo gravemente mientras sus “soldatos” les besan respetuosos su anillo. El prototipo mafioso es Joe Pesci dándole una paliza a un pobre desgraciado porque el mamón tuvo la inteligente idea de preguntarle acojonado que si el señor DeVito pensaba pagar la cuenta algún día.

Respecto a Michel Corleone y para finalizar, cedo la palabra Nick Geraci, fiel soldado de Tessio:

Vito, sin ni siquiera consultárselo a sus caporegimenes, había hecho jefe a Michel. Y era alguien que nunca había hecho ganar un céntimo a  nadie, que nunca había dirigido una pandilla, que nunca había hecho nada para ganarse los galones a excepción de la noche en que se cargó a dos tios en un restaurante (cada detalle de ese golpe fue planeado por el gran Pete Clemenza) Solo se habían admitido a tres personas en la familia Corleone sin que tuviesen que hacer nada para merecérselo. Y esas tres personas eran los hermanos Corleone.

Si Michel quería que la organización se comportara más como una corporación, como algo más importante que General Motors, incluyendo el control de presidentes y potentados, ¿Por qué hacer las cosas como si se tratara de unos ultramarinos de barrio?  Corleone e Hijos, Hermanos Corleone. Cuando dispararon a Vito y lo dejaron incapacitado, ¿Quién se hizo cargo? No fue Tessio, que era el más listo y el de mayor experiencia. Fue Sonny, a pesar de que era un tarugo violento ¿Por qué? Porque era un Corleone. Hagen era el consigliere porque creció en la misma casa que Michel. El propio Michel tenía toda la habilidad del mundo, pero había sido víctima de una broma monumental

Moby Dick

Publicado: noviembre 23, 2011 en Libros

El Pequod navega tranquilamente por el índico, con las cabezas de dos ballenas colgando de popa como dos macabros trofeos . Una de las cabezas es la del cachalote, el rey de los mares. La otra es de ballena franca, animal bastante menos digno que su primo, cuya grasa y aceite es de menor calidad. El capitán Ahab sale de su camarote, observa  el sol y el doblón de oro que, refulgiendo suavemente a la luz del atardecer, ha clavado en el mástil prometiéndoselo al primero que vea a la ballena blanca. Se dirige a popa. Observa las cabezas de sus ballenas. No las mira con la satisfacción del capitán que está cumpliendo con su labor, no, las mira con autentico odio, deseando que fuera la cabeza de Moby Dick la que colgara en estos momentos de su barco decorado con huesos de ballena. La tripulación en su momento murmuró sobre la pérdida de tiempo que supone cazar y despellejar un ballena franca, pero Ahab sabe, por mediación de su sombra, de su demonio Fedallah, que un barco en el que cuelguen las cabezas de estas dos ballenas será afortunado en su pesca. Y él tiene la pesca más importante de su vida por delante.  Su pierna de marfil le incomoda, así que coge un arpón y lo clava profundamente en la cabeza del cachalote. Apoyando su peso en él a modo de muleta le habla al cadáver:

Habla, enorme y venerable cabeza… y dinos el secreto que hay en ti. Esta cabeza sobre la que ahora brilla el sol se ha movido por los cimientos del mundo. Donde se oxidan nombres y armadas sin anotar, y se pudren esperanzas y ancoras nunca dichas… has dormido al lado de muchos marineros, donde insomnes madres darían sus vidas por acostarles. Tú viste al oficial asesinado cuando los piratas le tiraron de la cubierta a media noche y sus asesinos siguieron navegando incólumes. ¡Oh, cabeza, tu has visto bastante para desgajar los planetas y hacer infiel a Abraham y no dices ni una silaba!

Ahab tiene ese Don. La lucidez que se alcanza después de atravesar la locura, como un trozo de hielo rodeado de mareas de olas en llamas. El método en la locura.  En palabras de Conrad: “perfectamente lucido, cierto que concentrado en sí mismo con una intensidad horrible pero no obstantemente lucido… pero su alma sí que había enloquecido, se había estudiado a si misma y se había vuelto loca

Un hombre arisco, viejo, amargado que prevé su final y decide salirle al encuentro, arrastrando consigo a otros a al desastre. Amargado por la pérdida de su pierna, un hombre mutilado  y carcomido, monoobsesivo. Ahab es rico, tiene un hijo y una joven y bella esposa que le espera en puerto. No le importa. Para él carece absolutamente de relevancia. Solo existen dos cosas en este mundo, él y la ballena blanca. El resto de las personas de este mundo,  son medios, prolongaciones de sí mismo: “Ahora todos somos Ahab”, dice a su primer oficial, después de forzar a toda su tripulación a un juramento en virtud del cual perseguirán a la ballena blanca hasta las mismísimas puertas del infierno y más allá. Pacta con los poderes de las tinieblas para lograr su empeño. Consigue expulsar de dentro de si mismo al Parsi, su sombra, su demonio, que se burlara de él proporcionándole los medios para aniquilar a la ballena (un arpón forjado por el mejor metal y templado en sangre pagana y una profecía que cuya interpretación más lógica indica que matara a la ballena, pero, como todas las profecías, no es más que una broma de mal gusto cargada de ironía). Un hombre que vive en medio de una pesadilla febril, un hombre absolutamente solo, salvo por la excepción del marinero Pip, un negro encantador y cobarde cuyo ser quedo sepultado en el fondo del mar cuando saltó dos veces de una de las lanchas balleneras en medio de una caza por pánico a la cola del cachalote. La primera vez que saltó se lo perdonaron, después de  la bronca correspondiente en la que le recuerdan que “una ballena se venden por treinta veces lo que usted, Pip, en Alabama”. La segunda vez no hubo piedad ni perdón por su cobardía. Su lancha ballenera le ignoró, así como las otras dos que la seguían. De pura casualidad fue recogido por el Pequod. “ El mar, burlonamente, había conservado su cuerpo infinito, pero había ahogado el infinito de su alma… Así la locura del hombre es la cordura del cielo y para bien o para mal, el hombre se siente entonces libre de compromiso e indiferente como su Dios

Para Ahab , él y Pip son los únicos tripulantes del barco. Pip es el único que recibe muestras de cariño del capitán, a pesar de ser un absoluto inútil en la pesca de ballena. El resto de la tripulación carece de relevancia. Su primer oficial, el serio, responsable y metódico Starbuck,  es parte de él, el que le ayuda a subir al mástil para intentar localizar a la ballena. Ni siquiera este hombre lógico, más preocupado por llenar las bodegas del barco de buen y aromático aceite de ballena que de perseguir una obsesión, puede sustraerse del influjo del capitán. Porque durante un momento de la travesía, cuando prácticamente se subleva contra él reprochándole la estupidez que está cometiendo, faltando a su sagrado deber con los propietarios, con Ahab riéndose en su cara y mandándolo al carajo, Starbuck le mira a los ojos y lo único que siente es una enorme tristeza al ver la degeneración del viejo, alejado de todos. Ni siquiera cuando los presagios de muerte se van sucediendo uno, a uno mientras se aproximan cada vez más a la ballena blanca, a saber, la profecía del predicador loco del Jeroboam ,una tormenta brutal que intenta desviar al barco del lugar donde se sabe que esta la ballena, fuegos de San Telmo que recorren los mástiles, las desmagnetización de las agujas de la brújula, el fantasmal chorro que les sigue por todas partes a la luz de la luna, que le convencen del que el desastre es inevitable, puede animarse a abrir la puerta del camarote del capitán y volarle la cabeza de un tiro . Lo único que le queda es añorar a su hijo, y el desconsuelo de que nadie velara su cadáver.

El segundo oficial de Ahab (mi favorito), es Stub, Envuelto en el humo de su sempiterna pipa, mantiene el absurdo, el horror del mundo con su indestructible buen humor. Ante la sangre, el desastre, la locura de su capitán, ante el mismísimo  Moby Dick avanzando inexorablemente como la muerte, se ríe y dice que dado el agua que van a tragar, bien les valdría tener unas cuantas cerezas a mano para endulzarse la boca. Quizás por eso es el mejor ballenero, frio y desapasionado bajo su coraza de risas. El que empuja a su tripulación con una mezcla de insultos y bromas, sin que en ningún momento le flaqueé el pulso, manejando el arpón con la gracia y la elegancia con que un buen torero maneja el estoque frente a quinientos quilos de muerte con cuernos.

Antológica su reacción cuando consigue asesinar  a la primera ballena. A la luz de las candelas de aceite de esperma de la ballena que acaban de matar, a altas horas de la noche, rebana un filete de cachalote y exige a voces al cocinero que se lo prepare en ese mismo momento. Distraido por los ruidos que hacen los tiburones por borda mientras desgarran el cadáver del cachalote que cuelga inerte por babor, le dice al cocinero que le espante a los tiburones, a la par que le reprocha que no tiene que ni idea de preparar bistec de ballena . Luego se lo piensa mejor y le obliga a que les de un sermón. Y ahí tenemos a Stub, descojonándose de un viejo negro que estúpidamente llama al orden a los tiburones, llamándoles hermanos y pidiéndoles con toda la educación del mundo que hicieran un poco menos de ruido en su cena para que el segundo oficial pudiera disfrutar en silencio de la suya.

Como tercer oficial tenemos a Flask, pequeño, rechoncho, duro, que persigue a las ballenas no como un negocio, si no como una pasión, un odio que le hace un magnifico ballenero. Lo que le diferencia de Ahab es que Flask no profundiza en las causas de su ser, ni pacta con las tinieblas.

Los recipientes de la preciosa sangre con que se  forja el arpón de Ahab son tres, los grandes paganos del barco , salvajes orgullosos como reyes, encargados junto con los tres oficiales americanos de pura cepa de nueva Inglaterra, de aniquilar a los cachalotes como sus arponeros principales. Al primero que conocemos es al entrañable Queequeg, un príncipe caníbal de generoso y de buen corazón que hará rápidas migas con el narrador, Ismael, antes de que ambos se embarquen por decisión del dios de Queequeg , el negó Yojo, en el Pequod, Certero con el arpón como un francotirador, valiente como un choto joven y con la piel cruelmente tatuada y los dientes afilados. La pesadilla de un misionero cristiano que esconde a todo un príncipe guerrero. Este es el arponero principal de Starbuck. El siguiente es Tashtego,  uno de esos indios que cansado de arrancarles la cabellera a los diablos blancos de Tsêhe’êsta’éhe  o  Cabellos Rubios, se decide por arrancársela a los cachalotes, bajo las ordenes de Stub. El ultimo es el príncipe de ébano Daggoo, un gigante de más de dos metros que aterroriza al mayordomo del barco con sus prisas a la hora de devorar la comida (al único que no aterroriza es al español que hay embarcado en el Pequod. Como buen paisano, en cuanto el negro se pone chulo tira de navaja. Como no podía ser de otra forma, el único tripulante ingles pide a gritos que le quiten la navaja al español. Se ve que nos conocía)

También, como simple marinero, tenemos a  Isamel, el narrador. Un poeta soñador, trasunto de Melville, que decide regalarnos esta obra, mezcla de sueño y sesudo análisis científico de la ballena y de las características de su caza. Hay pocos capítulos en la literatura tan jodidamente hermosos como  en el que  nos describe emocionado lo que ven el mismo y los tripulantes de su lancha ballenera tras introducirse en el mismo corazón de una manada de dos mil ballenas. Queequeg, certero como siempre desde su lancha, arponea a una de las grandes ballenas que nadando en círculo protegen el interior de la manada. Esta ballena, aterrada por el hierro que tiene clavado, huye introduciéndose en la manada de ballenas, arrastrando con ella a la lancha ballenera de Ismael. Nuestros balleneros consiguen esquivar, por una mezcla de suerte, cojones y pericia, un laberinto de cuerpos, bocas y colas de ballenas adultas, hasta que llegan al mismo centro del huracán, un circulo de paz rodeado de muerte.  Ahí, sobrecogidos, observaran en las cristalinas aguas a las ballenas bailando dentro del agua con sus parejas, perpetuando la especie, a pequeñas crías mamando de sus madres y hasta pequeños cachalotes que curiosos o aterrados se aproximan a la lancha para que los balleneros les acaricien la cabeza. Ante el extraño y en ocasiones absurdo comportamiento de las ballenas en los momentos de caza, que son capases de pasar de una fuerza asesina a una docilidad más propia de una oveja camino del matadero, el propio Ismael reflexiona indicando que no nos precipitemos a juzgar como estúpido el comportamiento de la ballena, ya que basta observar la reacción de una multitud en un teatro en llamas para dejar claro que la estupidez gregaria no es ni mucho menos una característica exclusiva de los animales de Dios.

Y por supuesto, Moby Dick.

Primera pregunta. ¿Qué es Moby Dick?. Respuesta. Todo. Todo lo que quieras. Esa es la belleza del libro. Al diablo con lo que digan los expertos y hasta el propio melville, que fue lo suficientemente astuto como para que en el libro nunca  se nos dieran certezas de lo que simboliza su ballena. He leído de todo. El capitulo del “el color blanco” parece indicar que Moby Dick significa la búsqueda de un Dios salvaje, al ser el color blanco una de las atribuciones de la divinidad (tomando como ejemplo el  toro blanco en el que se metamorfosea Zeus). También puede ser  la personificación de nuestras obsesiones, o  la atribución a un simple animal como es Moby dick de características humanas, como la crueldad o la inteligencia, cuando no es más que un cachalote albino que se defiende cuando le atacan. (Esta teoría, con todos los respetos por su autor, que fijo que sería un lumbrera del análisis concienzudo de novelas, me parece un chorongo. Que me explique entonces como es que las orcas se pasan unas a otras a modo de macabra pelota crías de foca aun vivas).Hasta que es… ¡una  metáfora de la adición a la cocaína! (ese Ahab medio loco buscan un buen pollo de mandanga por Japón… manda huevos). También puede simbolizar  la naturaleza, el destino, el océano, y el universo en sí.

Mi favorita es la de Miguel Lopez-Neyra.  Moby Dick es  un cachalote que hace un pacto con Dioses Submarinos más viejos que la propia tierra por mediación del Kraken.  La letra de este pacto lo lleva gravado en su propia frente, llena de cicatrices, que no son si no los jeroglíficos de un lenguaje que ya era viejo cuando los mares se enfriaban en la tierra. ¿Sus condiciones? “Te otorgamos un color y un Nombre, además de la  Inmortalidad (Ni siquiera el Arpón de Ahab puede con él), la inteligencia (Va directamente a por la estachas, las cuerdas que aprisionan a sus congéneres para liberarlos del hombre), la ubicuidad (capitanes juran que lo vieron al mismo tiempo en dos lugares del globo distintos), y la fuerza (es capaz de derribar barcos balleneros enteros)…  y en pago de este contrato, asistido por una cohorte de tiburones que prácticamente arrancarán las palas de las lanchas balleneras a bocados, haciendo que el océano hierva en una tormenta de espumas, aleta y dientes, nos darás  los esqueletos de los marineros que llevaras al fondo del mar hasta la guarida del Kraken, para que este disponga de sus huesos en macabras formas como ofrenda  a nosotros, Dioses cuyos sueños ebrios dan forma a esta realidad mientras dormimos en una estrella”.

Los dioses paganos de Ahab, más jóvenes, no pueden con los Dioses más viejos e indiferentes de Moby Dick. Lo único que puede hacer Ahab mientras el cadáver de Fedallah le observa irónico atado a su ataúd de carne blanco, es decir esa magnífica maldición: “Desde el corazón del infierno, te apuñalo” para luego ser arrastrado a las profundidades,  todavía vivo dentro de la ballena como ya le tocó a Jonás, para observar aterrado y exultante los secretos de ese mar en el que, después de cuarenta años navegándolo, solo llegó a conocer un infinitesimal parte de su superficie.

Y ahora, flotando tranquilamente en el ataúd de Queequeg, esperemos que pase el Raquel buscando a sus hijos perdidos.

Mis Villanos Favoritos Vol. I

Publicado: octubre 20, 2011 en Ocurrencias

Calígula

El gran malvado, junto con Tiberio, del libro de Yo, Claudio. Al principio de su reinado en Roma comienza de modo prudente y con buen criterio. Un  gobernante competente que se ganó el amor de su pueblo. Hasta que un buen día, convaleciente de una gravísima enfermedad que estuvo a punto de llevárselo directo al hades (Detalle histórico, la gente de Roma se tiraba de los cabellos afligida y rogaba a los dioses que no se llevaran a su magnánimo y protector líder. Moraleja, cuidado con lo que deseas) se levantó de la cama y se proclamo un dios igual a Zeus. Al primero que le comunicó tal fastuosa noticia fue a su tio Claudio, cuyo primer pensamiento fue:” Se le ha ido la olla” para acto seguido arrastrarse por el suelo y cantar las alabanzas del divino Calígula (Como se ve, en política no hay nada nuevo). A partir de ahí empieza el despropósito. Juegos de gladiadores diarios,  obligar a los ciudadanos más ricos de roma que le incluyeran  en sus testamentos para acto seguido cepillárselos y cobrar lo correspondiente, arrojar monedas de oro al populacho con algunas calentadas al rojo vivo para echarse unas risas a costa del personal, prostituir a sus hermanas y de paso a las mujeres de los senadores y realizar orgias a cascoporro. Y esto es solo el aperitivo.

. En la cúspide de su divinidad, decidió nombrar senador a su caballo favorito de carreras (repito, es un hecho histórico  real, y viendo la calidad de los políticos actuales uno se plante si no fue una buena opción y todo) y como le faltaba alguna gloriosa campaña guerrera en su haber, decidió declarar la guerra a las naciones germánicas, a los británicos y a Neptuno. Si, le declaro la guerra al mar. No es coña.

Su primera campaña, que fue la de Germania, le fue un poco regulera. Estaba al norte al frente de sus legiones, en los bosques germanos, pasando por un estrecho paso de montaña, cuando su general Casio le comentó, en tono compungido, que en este mismo lugar, hacia ya treinta años, los germanos emboscaron a tres legiones que fueron aniquiladas. Calígula se quedó pálido y empezó a gritar: “¡Los germanos, los germanos!”, mientras daba la media vuelta con su caballo y salía disparado hacia las Galias a golpe de pezuña. Las legiones continuaron avanzando durante media hora, hasta que Casio debió murmurar: “Este ya no vuelve” y dio orden de dar media vuelta y volver por donde habían venido. En la carta que envió al senado, Calígula describió la campaña como: “Brillante”. Indudable.

La segunda, la invasión de Britania, no se quedo ni en amago. Se le olvidó que se necesitan barcos para cruzar el canal de la mancha. Tal cual. Luego decimos de la invencible y de la falta de previsión de Felipe II. Pero inasequible al desaliento, decidió emprender su campaña contra Neptuno. ¿Cómo? Muy fácil. Alineó a sus tropas en perfecta formación de batalla en una playa de las Galias (estamos hablando de treinta mil hombres mínimo, sin contar auxiliares) de cara al atlántico. Se adelanto heroicamente en solitario y empezó a soltarle espadazos a las olas. Los legionarios flipaban. Luego se montó en un barco que se alejo una milla, aproximadamente, mar adentro. Desde allí, dio orden a los legionarios de ataque. Los legionarios, descojonándose, atacaron el mar con flechas, escorpiones y onagros. Una vez agotadas las municiones, avanzaron en perfecta formación y lanzaron sus pilum al agua, para después rematar a las olas, a imitación de su emperador, a espadazos. Entre una ola y un hispano zumbado pintarrajeado de azul, pues me quedo con la ola, debieron pensar los milites. Mientras tanto, Calígula maldecía a Neptuno agitando furioso su divino puño y escupía al mar apoyado en la borda de su barco. Después de tres horas de show, decreto victoria, ordenó a sus legionarios que recogieran las conchas como botín de guerra (además de pagarles tres piezas de oro a cada uno, un pastizal, estaría loco pero gilipollas no era) y volvió a Roma triunfante. Ni Dios le discutió nada (Bueno, Neptuno, ese viejo cabrón, tres meses después, le hundió un flota recién construida. Querría vengarse por lo de las conchas, supongo.)

Mientras el pueblo tuvo pan y circo los desmanes de este psicópata se la traían bastante al pairo. Hasta que al final empezó el hambre y la ruina, y ahí fue cuando empezaron a moverse. Sobre todo para murmurar por la bajo y agachar la cabeza cada vez que Calígula aparecía inaugurando una estatua de oro macizo de si mismo o se dedicaba a correr con una peluca ridícula por roma creyéndose Venus, ya que la guardia germánica del emperador acojonaba bastante. Finalmente, quien se cargó al pavo fue el ya nombrado Casio, héroe de mil batallas. ¿Y por qué le mató? ¿Fue por sus ideales republicanos? No. ¿Por amor a la libertad? Frio, frio. ¿Por la necesidad de eliminar del gobierno a un cáncer como Calígula que lo estaba devorando por dentro? Niet tovarich. Porque Calígula se reía de él. Como contraseñas para el cambio de guardia, le soltaba paridas como:” mi queridísimo Casio, la contraseña de hoy es… bésame sargento.” Y claro, a Casio tragando bilis le tocaba decirle la contraseña al sargento que a duras penas podía aguantar la risa. Para un veterano con cuarenta años de campañas a sus espaldas no debía ser fácil de soportar esas gilipolleces. Así que un día se calentó y prácticamente lo descuartizó a la salida del teatro, de unos veinte espadazos más o menos. No debió gritar: “muerte a los tiranos” sino: “¡Ríete de tus putas contraseñas ahora!”. Aunque qué demonios, no todo va a ser  como en las películas de Hollywood. Bien por Casio.

Anton Chigurh

El mal en estado puro campando por tejas. El verdadero profeta viviente de la destrucción, compartiendo con Harvey dos caras esa afición suya a lanzar monedas al aire:

Anton Chigurh:“1958. Esta moneda ha viajado 22  años para llegar hasta aquí. Y ahora está aquí. Y yo también. Y tengo la mano encima. Y solo puede ser cara o cruz. Y a usted le toca decidir. Vamos.”

Dueño de gasolinera: “No sé lo que puedo ganar.”

Anton Chigurh: “Todo. Puede ganarlo todo.”

Magistral esa frase, porque en contrario sensu significa que puede perderlo todo. Significa que sus sesos pueden acabar estampados en la parte de atrás del mostrador.  El terrorífico poder de las cosas pequeñas:

“Cualquier cosa puede ser un instrumento. Cosas pequeñas, cosas en las que uno no se fija. Pasan de mano en mano. La gente no les presta atención. Y un buen día se pasan cuentas. Y a partir de entonces ya nada es igual. Bueno, piensa uno. Es solo una moneda. Nada especial. ¿De qué podría ser instrumento? Ese es el problema. Disociar el acto de la cosa… ¿Cómo es posible? Vaya, si es solo una moneda. Si. Es verdad. ¿No?”

No es un psicópata, ya que se rige por reglas, aunque estas no nos sean alcanzables. Ese el punto fundamental, lo que le permite diferenciarle de un perro rabioso. Sus reglas. Todo buen malvado las tiene. Aunque estas sean retorcidas, oscuras e inalcanzables para un intelecto medianamente sano. O quizás si lo sean, pero nos de miedo admitirlo.

Su modo de vida, su razón de ser, su guía, sus reglas, están  reflejadas en la contestación que da cuando una de sus víctimas le suplica piedad:

“Me está pidiendo que me vuelva vulnerable y eso no puedo hacerlo. Solo tengo una manera de vivir. Y no contempla casos especiales. Un cara o cruz, quizás sí. En este caso con poco éxito. La mayoría de la gente no cree que pueda existir semejante persona. Se hará cargo del problema que supone. Como imponerse a aquello cuya existencia uno se niega a reconocer. ¿Lo entiende? Cuando yo entré en su vida ya había acabado. Ha tenido un principio, un desarrollo y un final. Esto es el final. Puede decir que las cosas podrían haber sido de otra manera; que podrán haber tomado otros derroteros. Pero, ¿Y cómo? Las cosas no son de otra manera. Son de esta. Me pide que haga como que el mundo es lo que no es. ¿Se da cuenta?

El asesino estoico.

Vincent Volaju

El problema es que siempre estuvo solo, sin nadie que le acompañara, nadie con quien jugar su partida. Un hombre que vivía en un sueño, así era él.

De la magnífica película Cowboy Bebop. Si Anton Chigurgh era el asesino estoico, este es el asesino solitario por excelencia. Un soldado solipista, al que le inyectan un virus nano tecnológico que le aparta de todo contacto humano. Curiosamente, durante toda la película intentará romper ese aislamiento inducido, aunque sea a base de atentados e intentos de extender el virus para que todos puedan estar con él. Desgraciadamente, solamente él puede portar el virus sin estirar la pata, por lo que todos sus intentos de comprensión acaban con centenares de muertos.

El hecho de que sea un miembro de las fuerzas especiales, que en el fondo le hayan hechado toda la mierda encima sin tener el culpa alguna relativa, sea  inmune al dolor, y que tenga destellos de piedad y respeto hacia sus semejantes le hacen un personaje complejo y apasionante.

Fragmento de dialogo. Le preguntan si lo que hace lo hace por dinero o por venganza o por diversión. Respuesta:

Lo único que intento hacer es encontrar la salida. He tenido un sueño, y aunque comprendo que solo es un sueño, no consigo despertarme. ¿Nunca te ha pasado algo así?.

Dormía y creía que estaba despierto. Caminaba por el mundo y pensaba que estaba soñando. ¿Tú también has visto las mariposas, verdad? (N.E: las mariposa doradas, lo último que veían los infectados por el virus antes de morir. Vincent las veía continuamente). Yo también las veo, hay millones de ellas. Sé que esas mariposas no pueden existir en este mundo, pero ya no puedo recordar a qué mundo pertenecen.

Y como todos los grandes villanos, es un ser terriblemente lucido, a pesar de la enajenación que sufre. O quizás por eso mismo. Un personaje retorcido, oscuro, extraño:

“Tu sabes lo que es el purgatorio? es un lugar que hay entre el cielo y el infierno, en el que los pecadores que no pueden subir al cielo siguen sufriendo. Es un sitio de amargura y dolor, en otras palabras, el mundo en el que vivimos ahora”

Digno de cualquier lista. Quizás el problema es que para comprenderle sea necesario verse toda la serie original de Cowboy Bebop antes de verse la película, ya que el mismo Vincent  es un reflejo tremendista del anti-héroe protagonista de ambas, Spike Spiegel.

El señor Burns.

Rebajando un poco la carga dramática de esta entrada y para finalizar, aquí tenemos al malvado empresario capitalista por antonomasia: El señor Burns:

“-¡Buuuuuuuuuuuu!

-¿dicen buuuu ó Buuarns?

-¡¡Buuuuuuu!!

-Hans Topo: Yo decía Buuuarns…”

Solo por ese puntazo ya merece sitio en cualquier clasificación existente sobre gags, villanos o lo que sea. El tío gilito postmoderno, y una de las mejores parodias del multimillonario made in usa jamás hechas (aunque en las últimos capítulos más que malvado es excéntrico). Tacaño, avaricioso, explotador, codicioso, uno de esos ricachos que agitan su brandy en sus engarfiadas manos  mientras una mueca despectiva se perfila en su cara de ave rapaz y carroñera. Capaz de contratar inmigrantes ilegales (“¡Zudorosky es mas americano que la tarta de manzana! ¿No es así, Zudorosky?) y a un pato de propina para dirigir una central nuclear.

Este personaje demuestra la capacidad de una sociedad como la yanqui de reírse un poco de sí misma, sin llegar a extremos de autoflagelarse. El hombre capaz de robar cachorros, quitarle la novia al abuelo, intentar convertir a Bart en su heredero a su propia imagen y semejanza, ocultar el sol y darle un trillón de dólares a Fidel Castro (¡más le gustaría al tío!) sin dejar de ser un poderoso empresario merece un altar a la complejidad humana.  También al descacharre de sus salidas tronadas, más propias de un malvado de los cuentos que de un frio ejecutivo:

Excelencia… digo, excelente.

Lo que daría por tener esos monos.

Avatar

Publicado: octubre 12, 2011 en Ocurrencias

Lo primero que recuerdo de la película de  avatar es el escozor de ojos. Última fila del cine, en tres D por supuesto, con esas infames gafas, quinientas horas de duración y una hipermetropía. Mala combinación, os lo aseguro. Llegó un momento donde en vez de ver las andanzas de un marine transformado en un jugador de la NBA azul veía una explosión en una fábrica de pintura. Angustioso de narices.

Pero hasta que mis ojos no empezaron a cuartearse, creo que capte el argumento. Los sacomierdas que somos los humanos, encontramos un satélite habitable que orbita en torno a un gigante joviano. Este planeta, llamado pandora por lo de la caja, esta rebosante de vida de colorines, además de tener vetas de un mineral que es la repolla con cebolla. Deberá serlo, porque mis limitados conocimientos de economía, corrígeme AK si me equivoco,  me indican que los costes de extracción, manufacturación y transporte hasta la Tierra(cada cargamento tarda unos cuatro años en llegar) deben ser prohibitivos de narices, pero se ve que compensa.

Bueno, a lo que iba, ese mineral debe suplir todas las deficiencias de combustible que tenemos en la Tierra, porque el petróleo debe de haberse acabado de una puñetera vez, cumpliendo las predicciones que desde los cincuenta llevan soltándonos los científicos cenizos con ganas de aparecer en el telediario de Antena Tres, con gesto grave y ademanes espasmódicos advirtiéndonos de “la irresponsabilidad de la sociedad con-respecto-al-futuro-de-nuestros-hijos-y-el-calentamiento-global-denme-dinero y que blablabla” y que en resumen todo sería mejor si ellos estuvieran al mando. Gracias doctor Mengele  por su bonita exposición, pero no me lo creo. Continuemos con Avatar.

Bueno, pues que una malvada mega-corporación, rollo Umbrella, la de Alien, o Vodafone, pilla los derechos de concesión del planeta y se pone a extraer minerales con esa vulgar rapiña a la que nos tiene acostumbrados el malvado capitalismo moderno. Todos sabemos que si fuera una misión comunista no tocaría un pelo al planeta, simplemente se dedicarían a repintar a los Navi de rojo. Para salvaguardar las apariencias, financian una operación llamada avatar, un guiño indudable a los frikis de WoWC. Ahora bien, siguiendo con la manida historia del mesías-salvador-profecía, uno de los marines se encoña de una Navi, se la zumba en una épica escena de amor intergaláctico (En eso es en lo que pensaba el hombre cuando fijó por primera vez sus ojos en las estrellas, seguro) y después de montarla a ella se monta encima de un pollo gigante volador techicolor  que creo que se llamaba tutrancamon, y encabeza una revolución indígena que da bastante por saco a la compañía minera.  Precioso. Lloré y todo, pero creo que eran mis corneas desprendiéndose.

Realicemos ahora un sesudo análisis de la película. Respecto a los Navi, tales indígenas son un dechado de bondades. Al contrario que nosotros, viven en una perfecta sintonía con el planeta rollo pacha-mama, piden perdón a los animales que cazan (qué coño te importara que te pidan perdón una vez que te han clavado una flecha de dos metros ,digo yo), tienen un riquísimo sistema de costumbres tribales, respetan a sus ancianos, son nobles guerreros, son altos, azules, molones, ecologistas, progres, no conocen la propiedad privada (Así pasa luego, que viene uno de fuera y se liga a la más jaca del pueblo),tienen  conexiones USB en una coleta colgandeira estilo rastafari y son  felices a más no poder. Hasta que llegamos nosotros a robarles (¿se puede robar a alguien que no reconoce la propiedad?, ¡he ahí una gran pregunta!) su felicidad para que nuestras videoconsolas del futuro funcionen.

En contraposición, los humanos somos… bueno, humanos. Nuestro planeta es una mierda y vamos a hacer lo mismo con pandora, que se jodan, empanzado por derribar arboles gigantes en un ataque de helicópteros a lo más puro coronel Kilgore para robarles a los nativos sus piedras (introducir risa del señor Burns). Vamos a por el beneficio, a pesar de unas tímidas interactuaciones con los Navi en plan yo tarzan, tu chita, importándonos un carajo la fascinante biodiversidad del planeta, incluyendo los gatos de cinco metros asesinos, encantadores ellos. Somos imperialistas, contaminadores con el alma corrompida por el ansia de oro.. . digooo, del mineral raro ese. Unos mangutas, vamos.

Mira que a la civilización occidental le gusta aporrearse a si misma, parece que cuando alcanzas un determinado nivel de desarrollo surgen instintos masoquistas y empezamos a hacer películas y libros donde quedamos como unos capullos insensibles. En fin, Navis buenos, humanos malos. Renunciemos a todas nuestras posesiones y vayámonos a vivir al desierto del Gobi en comunión con Manitú como hicieron nuestros ancestros aborígenes. Me quedo con Terminator 2, Señor Cameron.

Resumen, un truño buenista y mamporrero para satisfacción de las masas agobiadas por sus empleos basura (los que tengan la suerte de tenerlos )que fantasean con medir tres metros y ser molones. Yo creí que era una mezcla de Bailando con lobos y star treck, pero me equivoque. Es un plagio de Pocahontas:

Yo hubiera hecho otra peli.  Para empezar, los Navi hubieran sido una tribu guerrera caníbal que adora a un oscuro Dios que vive en las entrañas del planeta. La concesión minera hubiera contratado bandas de mercenarios de gatillo fácil y deseosos de catar carne Navi que se hubieran dedicado a arrasar tanto poblados Navi como humanos, en una orgia de sangre y violaciones. Finalmente, uno de los marines despierta al Dios que duerme y el planeta tiene que ser arrasado desde la orbita en un ataque nuclear táctico. Sería un poco burra, es cierto, pero al menos no me forraría vendiendo buenismo chorras para después dármelas de intelectual comprometido desde mi yate de trescientos metros. Simplemente tendría un yate de trescientos metros y no molestaría a nadie.

El infierno es un paramo. Además infinito. Y como es infinito, contiene todo, y como el todo contiene la nada, estamos ante un problema filosófico de narices, demostrando la incapacidad que tenemos los humanos de describir el universo con palabras, no digamos ya de comprenderlo.

Estas reflexiones, a Asthartonim (Asthar para los colegas), señor de la novena hueste, antiguo soldado a las órdenes de Lucifer, el lucero del alba, se la traen al pairo. Se está emborrachando a conciencia en una cantina incrustada en una montaña donde los felones sufren por sus penas. Tequila tras tequila. El antiguo jefe se ha ido. Lucifer presento su dimisión. Se rumorea que esta por Oslo, disfrutando de unas merecidas vacaciones. Ahora el infierno está regido por un triunvirato, por Moloco, Luzbel y Belial, y las rencillas, guerras callejeras, golpes de estado y demás cosas propias de tener tres tíos al mando se suceden a tal velocidad que es difícil seguirlas. Todo ello le acarrea los naturales agobios que conlleva la política. O se las hubiera acarreado si no le hubieran encomendado la misión más difícil de su carrera demoniaca.

Comenzó una mañana. Acababa de regresar de una misión en la tierra, prometiéndole el gobierno de un pequeño estado nación a un imbécil abúlico, incapaz de resolver un puzle de tres piezas, cuando Belial lo llamó a su salón de audiencias.

Modernización. Eficacia. Sinergia. Esas fueron las palabras que pronunció. Y cuando un jefe pronuncia esas palabras, un subalterno puede darse por bien jodido. Después de diez minutos de cháchara incesante Belial dijo la frase maldita:

-Debes contratar El ADSL con Vodafone

En principio una tarea fácil. Una simple llamada. Nada del otro mundo.

Cogió el móvil. Marco el número.

-Buenos días. Quería darme de alta en Vodafone.

-Ohhhh estaremos encantados de ayudarle. En breves minutos se producirá la baja de su antiguo sistema para ser sustituido por nuestro increíble invento del ADSL de fibra óptica mas la conexión a quinientos mil canales digitales terrestres, porque me parece usted inmensamente atractivo a pesar de no haberle visto en mi vida. Por cierto, ¿cual es su sistema de internet actual?

-Almas atormentadas llevan mensajes escritos con la sangre de los inocentes a lomos de dragones impíos.

-Perfecto, perfecto. Usted no tiene que ocuparse de nada. En el plazo de tres días acudirá un técnico y le daremos de alta a la línea de teléfono, ehhhh, 666 666 666.

-Gracias.

Las almas, los mensajes escritos en sangre y los dragones impíos desaparecieron. Misteriosamente. Se fueron. Nadie vio a ningún operario de Vodafone llevándoselos. Simplemente se evaporaron. Tampoco vino  el técnico en el plazo de los tres días. Ni en los siguientes tres días. Ni en los siguientes de los siguientes de los siguientes. No hay internet en el infierno, ni ADSL, ni teléfono, ni canales de televisión, ni nada de nada. Sí hay un gran caos. No hay manera de recibir información valiosísima de los movimientos de los enemigos ni conexión al porno. Moloch cae porque no es capaz de recibir los correos de la bestia de babilonia avisándole de que Absimiliard planea traicionarle. Los trámites se atascan. La burocracia cruje. La guerra en el infierno se recrudece.

Pasado el tiempo, Asthar vuelve a llamar a atención al cliente de Vodafone.

-Oiga, han pasado dos semanas desde que realice la portabilidad a su compañía. ¿Cuándo viene el técnico? ¿Sabe la que tenemos aquí montada?

– Un segundo por favor que miro los datos del sistema… No nos consta ningún tipo alta caballero.

-¿Qué?

– No nos consta ningún tipo de alta. Aunque hemos tramitado la baja de su antiguo sistema. Que curioso, esto solo nos suele pasar unas tres millones de veces. Llame al servicio técnico.

-Joder.

Le pasan con el servicio técnico. Dos horas de espera.

-Oiga, soy Asthar, no me funciona internet ni el teléfono ni Cristo que lo fundó.

-¡Oraaaaaale, su computer no esta chévere!

-¿Perdone?

Asth recuerda que uno de los últimos tratos de Lucifer fue con esta misma compañía. El que atiende el servicio técnico es un monstruo de siete cabezas cada uno con un dialecto autóctono sudamericano. Madre de Dios.

-Pos vos solo debe reiniciar el sistema, manitooooo y su celular se fregara la madre de esos boludos de la chingada, gueyyyy

-Ehhhhhhh… ¿Sí?

-Tomamosnotadesu incidencia apunte elnumerodereferencia89723491032948238094 ¿me capta?

-Joder, no.

-Todo bien entonces. Cuando finalice su llamada, puntué nuestro servicio de calidad. Graciaaaaaaaasssssss.

Pitidos. Voz de robotina: Si cree que el servicio…

-¡Mecago en tus muertos!.

Transcurre el tiempo. No hay técnico, no hay incidencias. No hay línea. No hay internet. El USB de conexión portátil que le dieron hasta que le dieran de alta es una mierda que cree que va a velocidad negativa.

El caos se recrudece. Los duques infernales dan un golpe de estado y se hacen con el infierno. El triunvirato se exilia. No tuvieron tiempo de prepararse para el golpe. Nos les llego el pdf por correo electrónico con el chivatazo por parte de Isthar ni el wasap de Merovingio avisando de la revuelta.

Pero a  Asthar le llega una factura de quinientos euros. Por tarifa especial planazo diabólica de teléfono+ADSL.

¡PERO QUE COJONES!, grita a un cielo sin Dios.

Llama al servicio de atención al cliente. Otra vez. Blasfema en arameo. Sujeta con tanta presión el teléfono que sus nudillos están blancos.

– Vosotros, raza degenerada, vosotros…

-Eh che, no perdamos la dulchura del carácter, cuan su ¿quebranto?

-Me habéis quitado quinientos euros de mi cuenta del Santander por un servicio que no me estáis prestando, bastardos. No tengo ni internet ni teléfono, joder y si no lo tengo ¿Por qué me lo cobráis?

-Ohhhhhh, cuanto lo lamento. Solucionaremos su problema en un plazo máximo de 72 horas, caballero. Realizaremos el ingreso y le daremos de alta, ¿de acuerdo? Okey, boludo, que tenga un buen dia. Apunte el numero de incidencia09802948139172409. ¿Lo tiene? ¿Si?. Adios.

A las setenta y dos horas su cuenta sigue igual. Ningún ingreso. Presa de un cabreo de narices, maldiciendo los nombres de unos seiscientos dioses, descuelga el teléfono y solicita la baja. A la mierda vosotros, a la mierda todo. Le intentan convencer con ofertas nuevas. Mejores tarifas, mensajes gratuitos, todo gratis por seis meses. Vírgenes vestales dispuestas a cumplir sus más oscuros deseos.  La abuela del comercial, si fuera necesario. El se niega. Ni por el alma del santo padre, maldición. El comercial compungido, le comunica que tramitaran su baja.

Pasa otro mes.

Le vuelve a llegar otra factura de quinientos euros.

Tras cinco horas de espera al teléfono con la música de macarrón chacarron de “el chombo”, le comunican que no tiene noticia de que se haya tramitado ninguna baja. Y  ninguna alta. Aunque todo se solucionara en setenta y dos horas. Mosqueado, pregunta si en setenta y dos horas le darán de alta o le darán de baja. El comercial responde que todo será solucionado.  Que le darán de alta y luego de baja.  O al revés. Ante los desgarradores gritos de furia del demonio, le pasan con el servicio técnico. Apunta un número de incidencia. De ahí, otra vez con el comercial. Otro número de incidencia. Luego con el servicio de atención de marqueting clientelar. Más números de incidencia. Setenta y dos horas, repiten todas las personas con las que consigue hablar. No se sabe para qué, pero setenta y dos horas como máximo. Asklepios, que pasa por ahí, le comunica que padece lesiones cerebrales masivas por sobreexposición a música de espera telefónica.

Pasa otro mes. Duques infernales han caído, patanes y menestrales se hacen con el poder, para caer después de manos de la vieja guardia luciferina

No hay técnico, no hay incidencias. No hay línea. No hay internet. Su USB va tan lento que se tienen que reescribir bastantes teorías sobre el tiempo-espacio.

Le llega otra factura de quinientos euros.

Asthar les vuelve a llamar. Les manda cartas por correo, por correo certificado, burofax, sacrifica las almas de mil inocentes para que su empresa llegue a buen puerto. Manda hordas de diablos con órdenes de que consigan la baja o mueran en el intento. Hasta en un arranque de fe, pone velas a san Genaro.

Le llega una factura de quinientos euros en concepto de penalización por baja anticipada.

Respira profundamente. Tiene la mirada de los mil metros. La última vez que tuvo esa mirada, fue cuando se retiró al tibet con un puñado de ángeles rebeldes supervivientes después de combatir siete días con sus noches contra uno de los arcángeles de Dios. Vejevois se llamaba. El señor de las tormentas. Recordó la imposible masa del arcángel, del tamaño de una montaña, cerniéndose sobre ellos con sus tormentosas alas extendiéndose de un lado al otro del horizonte. Su látigo angostó praderas y su voz derribo colinas. Perecieron miles de camaradas.

Decide tener consigo mismo un soliloquio en la mejor tradición shakesperiana.

Perdí el paraíso. Perdí a Dios. Luche por que tuvieran conciencia, para que dejaran de ser monos que se apiñaban unos contra otros luchando por encaramarse a los arboles escapando de tigres, leones y osos.¿ Que hacen con ello? ¿Este es su legado? ¿ Una puta tomadura de pelo?

Coge el teléfono, por penúltima vez. Aguanta tres horas de macarrón chacarron. Es educadísimo con el comercial, con el director de marketing, con el servicio técnico, con el Nucio Papal, con el director del servicio de cobros, con el responsable del fichero de morosos. Setenta y dos horas. Todo solucionado en setenta y dos horas, por la gloria de su madre, juran y perjuran. Él cuelga.

Después de su último tequila, va a sus aposentos infernales. Rebusca en el fondo de su arcón. Ahí está, su vieja coraza. La limpia, la pule, engrasa arneses y correas. Un poco justa, pero aun le vale. Saca su espada. La afila, ya con los gestos mecánicos de soldado viejo. Prueba sus alas. Hace mucho tiempo que no vuela. Al principio torpe, pero luego consigue pillarle el tranquillo.

Ultima llamada al servicio de atención al cliente.

-¿Si caballero?

-QUIERO HABLAR CON TU SUPERIOR

Ya no es una voz humana. Es la voz de uno de los ministros de la creación. La telefonista, acojonada, le pasa con él.

.Oiga, no sé quien se ha creído, pero las incidencias técnicas no son responsabilidad de la Dirección de esta empresa… debe usted entender…

NO, TU ERES EL QUE DEBE ENTENDER. HAS DESENCADENADO UNA CÓLERA CUYA PROFUNDIDAD NO PUEDES SONDEAR. TU RIDICULA CRUELDAD NO ES NADA PARA MI. ESTAFA A MILES. YO ESTAFÉ AL MISMISIMO DIOS. SABRAS QUE SE SIENTE AL SER UN PECADOR EN MANOS DE UN DIOS ENCOLERIZADO.

Cuelga.

Dos días después, todos los directivos de las empresas telefónicas se encuentran en el infierno. Desaparecieron de sus hogares, de sus empresas, de las camas de sus amantes y de las casas de sado-maso donde exquisitas damas orientales les pisotean los huevos con zapatos de tacón alto. No están sufriendo en lagos de azufre. No son devorados por demonios hambrientos,  ni sometidos a torturas por súcubos diabólicos.

No. Simplemente están tramitando todas las bajas telefónicas de la humanidad con la única ayuda de un spectrum 118. Todos los días, todas las semanas, todos los años, sin comida ni bebida, sin descanso, sin piedad.

Al segundo día, todos se arrastran ante Asthar suplicando que les mande a los lagos de azufre, a los demonios antropófagos. A los terribles súcubos.

Asthar pone su mejor sonrisa y les dice que en setenta y dos horas todo estará solucionado, que no se preocupen. Luego les tatúa el número de incidencia de su reclamación en el culo con un tridente. El culo del director de Orange parece el listín telefónico. Pero no desiste. La mayoría optan por el suicidio, pero no pueden, ya que en el infierno no se permiten las salidas fáciles. Todos caen inevitablemente en la locura y sus vidas no son más que eternos segundos de desesperación seguidos de otros exactamente iguales.

Y como dijo el narrador de los caballeros de la mesa cuadrada… y hubo gran regocijo

Despachos de Guerra, de Michael Herr

Publicado: septiembre 12, 2011 en Libros

Me encanta la guerra de Vietnam. No sé porqué. Supongo porque el Imperio fue derrotado. Todos somos derrotados. Porque fue una guerra surrealista. Porque parte de los veteranos volvieron locos. Por la frase que le dice el padre de Moss al Sheriff Bell en No país para viejos :”No se puede ir a la guerra sin Dios. Tanto daría que fueran sin fusiles”. Por las películas, por Sheen, padre e hijo, Marlon Brandon, Duvall y el semi desconocido reparto de la Chaqueta Metálica

Lo jodido es que la guerra de Vietnam era ya una guerra cinematográfica décadas antes de que se estrenaran Apocalipsis Now, la Chaqueta Metálica o Platoon. Les costó estrenarlas, eso sí, o tuvo que pasar el tiempo hasta que alguien tuviera huevos a hacer una película sobre las toneladas de mierda que allí cayeron. Creo que nunca llegaremos a entender como afecto a la psique colectiva estadunidense esa derrota. Hacer películas de la segunda guerra mundial esta chupado. Nunca Estados unidos ha tenido tan claro su papel de salvador del mundo occidental como en Europa. El bien frente al mal. Blanco contra negro. Democracia contra dictadura genocida. En Vietnam se les jodió el invento enfrentándose a la jodida escala de grises. Aunque cuando lo hicieron, lo hicieron a lo grande, cierto es. Michel Herr lo hizo.

Michael Herr, el autor del libro, cuenta que los soldados hablaban de lo poco que les gustaba la “película” de Vietnam. Criados en una cultura de cine y televisión, machacados durante años por películas bélicas, algunos de ellos, aun después de las primeras escaramuzas, se lo montaban de tal manera que actuaban ante las cámaras. Hasta el propio Herr reconoce que en sus primeros combates no se sintió especialmente mal. Era las mismas cosas que había visto en televisión, trasladadas a otro medio. Luego se dio cuenta que había escenas sin cortes ni montajes, y que los muertos no eran actores.

Este libro es el germen o el génesis de las obras maestras de Kubrick y Coppola. Todo se encuentra en este libro: El soldado con el símbolo de la paz en forma de chapa en el casco al lado de la inscripción que dice: Born to kill. El ametrallador del helicóptero Huey que es cojonudo, que lleva ciento cincuenta caras amarillas, todas con certificado, incluyendo mujeres y niños, solo hay que apuntar un poco mejor. Los ataques de helicópteros artillados. El olor del Napalm por la mañana, oliendo a victoria. El hermano negro que hace un tiro perfecto con un lanzagranadas M 70 reventando a un vietcong malherido. Los adictos al combate que hacen su tercer servicio porque se enganchan a dispara y a que los disparen, deseando ire a casa cuando están en Vietnam y deseando estar en Vietnam cuando están en casa. No por nada Michael Herr fue el guionista de Kubrick

Y cosas más jodidas que no aparecieron en las películas. Todas absolutamente reales. Un ejemplo, Herr te cuenta como en todo pelotón había un afortunado, alguien mágico, tocado por la suerte, el destino o dios, inmune a la muerte. El conoció a uno. Su mujer le había enviado una carta diciéndole que le dejaba y que estaba embarazada de su mejor amigo. El sonrió y dijo que pronto le darían una licencia para volver a casa. Sus compañeros le contestaron que solo te la daban una licencia cuando fallecía un ser querido. El sonrió aun más y dijo que cuando el volviera no habría uno, habría dos. Todos tenían tan claro que iba a volver a casa a liarla (Algo tan horrible tiene que ser inevitable) que había palos para compartir con él la casamata. Ningún proyectil de mortero o rifle iba a impedir que ese tío la montase parda en su pueblo de mierda de Minnesota. Siempre buscando reglas al absurdo, al fin y al cabo.

Me gusta el libro porque el tío lo escribió con sus tripas. No estuvo tres días en un hotel de Saigón  para luego escribir un sesudo libro explicando porque odia la guerra más de lo que tú y yo podríamos odiar nunca, dado que no somos finos y humanistas intelectuales. El tío se mete directo al fregado. Primera linea de fuego, con los sufridos marines. Algunos le odian, porque está ahí sin que nadie le obligue. La locura última. Pero la mayoría le quieren. Raciones, tabaco, mantas, todo para él. Le cuidan, le protegen. Gestos de ternura por parte de unos despiadados asesinos. Chicos normales en su mayoría metidos en una movida incomprensible, que saben que cuando todo se va a la mierda, no hay reglas. O estas están muy difusas. El mismo, cuando no le queda más  remedio, combate.  Creo que es absolutamente cierto porque apenas habla de ello en el libro. Solamente comenta como de pasada que en la ofensiva del Tet un sargento le pasó un M16 mientras le preguntaba si sabia usarlo y él contestó afirmativamente.

Nada más.

Acojona cuando te cuenta sus sueños cuando vuelve a casa. Herr se paso una temporada convencido de que por las noches, su cuarto estaba lleno de marines muertos. No sentía terror. Simplemente encendía la luz y un pitillo y pensaba que tendría que buscar mantas para taparlos. No los iba a dejar así, por Dios.

Finalmente dejo de tener esas pesadillas. Y él dice que no eran de las peores de las que había oído hablar.

Lo mejor del libro, su compañero Page, corresponsal de guerra. El jodido Page. Veintitrés años, ingles, absolutamente chiflado. Creador de la frase que posteriormente inmortalizaría Kubrick de manos de cowboy:” Hola niña buena, yo también soy un niño bueno”. Se metía en todos los fregados.  Adicto al combate y enamorado de Vietnam. Casi le revientan cuando descendió de un helicóptero junto a un sargento para ayudar a unos heridos en combate. El sargento pisó una mina, que le arranco las piernas y a Page le clavo un fragmento de cinco centímetros de metal en la cabeza encima del ojo izquierdo. Sobrevivió, ni los médicos se explicaban cómo. Cuando le hicieron una fiesta de retiro, Page, en su silla de ruedas, colocadísimo, le hablaba  Herr de que le habían encargado un libro cuyo título seria “Acabemos con la guerra”. Page se descojonaba diciendo que el editor era imbécil. Quitarle el encanto a la guerra es como intentar  quitárselo al sexo.

“Vaya idea-dijo después-¡Que risa! ¡Quitarle su jodido encanto a la jodida guerra!

Comentario a “Vísceras” de AK.

Publicado: septiembre 6, 2011 en Ocurrencias

Curradísimo e interesantísimo post. A ver si mi comentario esta a la altura (lo cuelgo aquí por que la mierda de las maquinas no me permiten dejarlo en su sitio):

http://palmeraquesedoblaperoaguantaelhuracan.blogspot.com/2011/09/visceras.html

“las mujeres piensan y sienten al mismo tiempo, por eso no hay manera de entenderlas”

Lo de las mujeres. Touche. Clavado. Para ellas son procesos simultáneos. Hacen las cosas según las sienten. Después vienen las explicaciones racionales. Que siempre tienden a justificar el estado anímico previo.  Siempre he creído que nuestro proceso mental es opuesto, es decir, efectuamos un análisis más o menos racional de los hechos, con los sentimientos a rebufo de estos, pero con la puta voz de nuestra conciencia racional buscando explicaciones, relaciones causales, responsabilizándonos, buscando pautas lógicas… (¿En que la he cagado? ¿Debería actuar así o asa? ¿Soy un cerdo? ¿¡Por qué no me hace caso, oh dios mío por qué?!)

Me recuerda a una historia. Un grupo de sabios observaban asombrados como un burro pasaba por el hueco de una valla. Primero la cabeza, luego el resto del cuerpo. Después de mucho debatir llegaron a una conclusión: “Sencillo, ¡la cola del burro es consecuencia del  morro!”

La lógica está muy bien, pero a veces se obtienen mejores resultados cuando no piensas tanto.

Para una mujer lo importante es lo que siente, no los hechos. Importantísima lección. Y una fuente de inspiración contra la misoginia (esa jodida igualdad que nos han metido con calzador, en el ámbito laboral esta chachi, pero acercarte a una mujer pensando que tiene tus mismos procesos mentales es un suicidio psicológico).

¡Ámalas, el odio a las mujeres es de capullos, pero no las entiendas!

Continuemos:

“Ahora bien, ¿dos fuentes distintas de consciencia dentro del ser humano? Para mí hay una tercera, es bastante más difusa que sus otras dos hermanas, menos usada, pero ahí está. Estoy hablando de las vísceras… mientras que el corazón y el cerebro pueden ser inducidos, (uno puede autoengañarse, llegar a creerse plenamente una propia mentira o forzarse a levantar su ánimo desanimado), las vísceras… son mucho más sinceras y objetivas”

Extraído de Herejes de Dune:

El gran Bashar Miles Teg, general con trescientos años de experiencia en combate, guerrero, filosofo, mentat (Un ordenador humano)…

Un enemigo le pregunta, amargado, como ha descubierto la emboscada que le habían tendido. Repuesta de Teg:

“Intestinos. Siempre hago caso de lo que me dicen mis vísceras.”

Ahhhh, ese amargor, ese retorcimiento que alerta a todo el cuerpo con un malestar físico y espiritual. Acojonante.

¿Están con los valores? Aporto otra perspectiva. Están con la parte oscura de nuestra conciencia. Va más allá de cualquier proceso racional o sentimental. Las vísceras te dicen cosas brutalmente objetivas, cosas que no pueden ser obviadas. Una verdad vital no susceptible de ser probada por el ordenamiento de los hechos habituales

Que tenemos varias almas… fíjate que eso atenta contra todos los pilares de nuestra educación, tanto la racional (no somos más que el vehículo de unos genes que buscan perpetuarse, aunque para mí esto es arrogancia científica, hybris y una mierda bastante gorda) como la religiosa (Somos poseedores de una única alma que se condenara o se salvara en base a nuestra fe y nuestras acciones).

Aunque si los griegos con Platón a la cabeza llegaron a la conclusión de que tenemos varias almas, muy desencaminada no andará.